La Economía Social de Mercado es válida hoy

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Duración lectura: 14m. 24s.

Centenario de Ludwig Erhard, el artífice del “milagro alemán”
La Economía Social de Mercado ¿es válida hoy?La obra del economista y político alemán Ludwig Erhard (1897-1977), ministro de Economía (1949-1963) y canciller federal (1963-1966), vuelve a cobrar relieve en el centenario de su nacimiento. Fue el principal artífice del llamado “milagro económico alemán”, la espectacular recuperación del país tras la II Guerra Mundial. Su creación, la “Economía Social de Mercado”, es un sistema, alejado tanto del capitalismo neoliberal como del intervencionismo socialista, que hoy muchos echan de menos. Pero el debate actual se plantea si esos mecanismos de economía social siguen siendo válidos en el mercado de hoy y si pueden servir de pauta para la Europa unificada.

Con motivo de la celebración de este centenario, en Alemania se habla de Erhard en programas de televisión y de radio; se emiten sellos, monedas y tarjetas telefónicas en que se puede ver su efigie optimista y afable.

Esta gloria póstuma de Erhard se pone especialmente de manifiesto en la nostalgia con que es invocado desde diversas posiciones. Políticos de todos los partidos pugnan por apropiarse de su herencia. El dirigente socialdemócrata Rudolf Scharping ha declarado que el gobierno actual “ha traicionado a Erhard”, quien puede considerarse “uno de los nuestros”. Por su parte, Joschka Fischer, el jefe del grupo parlamentario de los Verdes, hizo una defensa del “capitalismo renano” en que se inspira el modelo de la Economía Social de Mercado impulsado por Erhard. La Democracia Cristiana (CDU) saca del baúl viejas fotos donde se le ve en compañía de Helmut Kohl, entonces un joven político regional.

La añoranza de Erhard se ha intensificado debido a la grave coyuntura económica que atraviesa actualmente Alemania, con una tasa de paro del 12,2%, que no se conocía desde los tiempos de Hitler. ¿Qué pensaría y qué medidas político-económicas aplicaría Erhard en la grave crisis actual? Es la pregunta que muchos se hacen estos días en Alemania.

El cuadrado mágico de la economía

En su gestión al frente de la economía alemana, Erhard logró sacar al país de la más completa ruina y convertirlo en la segunda potencia industrial del planeta. El país experimentó un crecimiento constante y consiguió reducir el desempleo a cifras mínimas: ese fue el “milagro económico alemán”. Pero él siempre rechazó esa expresión, pues -decía- no hubo ningún “milagro”, sino el fruto del trabajo de todos y de un ordenamiento económico-político adecuado.

Quizás una de las claves del éxito de Erhard fue que combinó un carismático liderazgo político con un extraordinario conocimiento técnico y humano de la realidad económica de su país. Según Horst F. Wünsche -actual director gerente de la Fundación Ludwig Erhard-, “como científico, Erhard había investigado en distintos ámbitos de la ciencia económica. En especial se había ocupado de analizar órdenes monetarios, procesos de formación de precios, los métodos de financiación de la guerra y los efectos de las deudas de guerra. A través de su actividad en el Instituto de Nuremberg y de estudios estadísticos que llevó a cabo por encargo de la industria alemana durante la guerra, Erhard adquirió un conocimiento preciso de los recursos humanos y materiales de que disponía Alemania” (1).

Pero su éxito no se debió sólo a su acción política concreta. Ésta, al margen de cualquier necesidad coyuntural, respondía a un peculiar modelo de ordenamiento político-económico -inspirado en el ordo-liberalismo de Eucken-, al que Erhard denominó “Economía Social de Mercado”. Según esta nueva concepción de la economía política, la economía de mercado -y sólo ella- puede alcanzar objetivos sociales de “bienestar para todos” gracias a una política monetaria, financiera y crediticia adecuada, que -respetando la independencia del banco emisor- tenga como objetivos el equilibrio de la balanza de pagos, el mantenimiento de la estabilidad monetaria, el crecimiento económico continuo y el pleno empleo (los cuatro objetivos principales que forman el así llamado “cuadrado mágico”).

No hay mercado-providencia

Erhard no compartió nunca la fe ingenua del neoliberalismo en el carácter benéfico de un mercado-providencia, que alcanza el bien común aunque los individuos actúen en contra de él (laissez faire). Su realismo y su experiencia histórica le hicieron ser siempre consciente de los peligros que encierra la libertad humana cuando se desentiende de sus responsabilidades y de su deber moral. Por eso, Erhard denunció -como ningún neoliberal lo habría hecho- los vicios del sistema de competencia cuando atropella la moralidad, y llamaba a los fenómenos negativos por su debido nombre: aislamiento individualista, consumismo, masificación, lucha por el reparto de los recursos del Estado, competitividad arruinante, afán de poder económico, invasión publicitaria, daños a la moralidad pública por intereses comerciales, insolidaridad, especulación sumergida en el anonimato, etc.

Precisamente por ser consciente de estos peligros, Erhard reivindicó siempre la importancia decisiva de la autoridad estatal, de la legislación, y de una política económica que no subordine el bien común ni la igualdad fundamental de los ciudadanos a los intereses particulares, y que arbitre con justicia.

Erhard precisaba, pues, que entre la Economía Social de Mercado y el pensamiento liberal hay, pese al parentesco intelectual entre ellos, una diferencia clave. Para la Economía Social de Mercado, “no sólo es determinante el automatismo técnico del equilibrio en el mercado, sino también -y en primer lugar- unos principios intelectuales y morales. Si tal orden económico consistiera tan sólo en el equilibrio entre oferta y demanda (…), entonces no sería conceptualmente válido para constituir la base de todo un orden social” (2).

Humanismo económico

El fundamento de la política económica de Erhard es el respeto de la economía de mercado. Sin embargo, Erhard tenía la convicción de que la dirección de la economía debe sintonizar en todo momento con una solicitud extrema por las relaciones sociales que se van creando, de tal manera que cada paso que se dé mejore no sólo la eficiencia de la economía, sino también la situación del conjunto de la población. A los economistas que sólo se orientan hacia el “modelo” de economía de mercado, el procedimiento de Erhard les parece excesivamente vacilante y timorato. Ellos desearían un método de máximo progreso económico con la mínima consideración social. Pero Erhard nunca perdió de vista su objetivo: la instauración y el perfeccionamiento de un orden económico de mercado, en todos los sectores económicos en que fuera posible; y lo realizó paso a paso de forma consecuente.

Erhard parte de la necesaria complementariedad entre lo personal y lo estatal, entre la libertad y el ordenamiento, entre mercado competitivo y regulación político-económica. No ve oposición entre esos aspectos de la vida económica, sino una convergencia de la que puede surgir una sinergia. Por una parte, que cada persona o asociación aporte servicios en función de las demandas y de las necesidades sociales, desarrollando libremente sus iniciativas; y por otra parte, que el Estado actúe de acuerdo con su función imprescindible de subsidiariedad, arbitraje y custodia de la competencia; todo ello no es sólo, para Erhard, la mejor forma de alcanzar la justicia social, sino que es parte de esa misma justicia social.

La Economía Social de Mercado, lejos de “instalarse en la desigualdad”, la combate con las mismas armas del mercado, usando el instrumental de la política económica. Y más que la política monetaria y el control de los tipos de interés, emplea la política fiscal y presupuestaria. De este modo el Estado configura, arbitra y custodia un orden económico autónomo que sirve a la igualdad fundamental de todos los ciudadanos. Así se respetan mejor las diferencias inter-personales en las cualidades, en la formación, en la experiencia, en las ocupaciones y en las relaciones económicas o de propiedad, frente a toda pretensión igualitarista.

De modo que hay un fondo humanista y personalista de la Economía Social de Mercado que la emparenta en gran medida con los principios de la doctrina social de la Iglesia, como ha sido puesto de manifiesto por expertos en la materia. Aunque una y otra estén en planos distintos, Erhard hablaba de una ordenación de la Economía Social de Mercado con los imperativos de la doctrina social de la Iglesia.

Erhard y la coyuntura alemana actual

En el último cuarto de siglo, la política económica en Alemania -tanto en el período socialista (1966-1982) como en el de Helmut Kohl (de 1982 en adelante)- parece haber ido olvidando paulatinamente el profundo rigor intelectual de Erhard, hasta convertir la Economía Social de Mercado en un eslogan político que pretende “conciliar” la libertad económica y la redistribución social con prácticas keynesianas de capitalismo de Estado. Según Horst F. Wünsche, esta incoherencia ha dominado la política económica alemana de las últimas décadas: “Las reformas comienzan con decisiones fundamentales de economía de mercado y terminan con regulaciones burocráticas, que limitan las decisiones fundamentales, las modifican o las contradicen. (…) De esta manera, los políticos abandonan demasiado deprisa su papel directivo y pierden la confianza que en ellos se había depositado” (3).

Y es que algo va mal en la economía alemana, especialmente desde la unificación de 1991. El desempleo ha llegado a 4,6 millones de parados. Esto, en Alemania, suena a situación crítica e insostenible, máxime teniendo en cuenta el ritmo a que crece la cifra. Kohl ha declarado que “reduciremos el desempleo a la mitad de aquí al año 2000”; pero ello sólo sería posible con un crecimiento anual de un 2,5%. Haría falta un nuevo “milagro alemán”; pero ¿existe un nuevo Erhard para realizarlo?

Solidaridad impuesta

En este contexto, las discusiones se centran en tres puntos clave: la política tributaria del actual gobierno, la política monetaria y el liderazgo europeo de la economía alemana. Por lo que hace referencia a la política fiscal, ya hace algunos lustros pero especialmente desde la unificación, el aumento de impuestos se ha convertido en una carga muy elevada que crea un malestar generalizado y amenaza ahogar la iniciativa privada. La mitad del PIB es redistribuido por el sistema impositivo del Estado.

Ciertamente, la Economía Social de Mercado de Erhard siempre defendió una cobertura “social” garantizada por el Estado, pero a la vez insistía en que la acción político-económica del gobierno debe ser siempre conforme a las leyes del mercado, y debe fomentar en lo posible la iniciativa privada y la libre formación de precios competitivos. La idea de Erhard es que la misma economía de mercado genera “bienestar para todos” de forma solidaria si está bien “ordenada” por una política económica coherente. Es decir, todo lo contrario a una solidaridad políticamente impuesta de forma oficial, como la que hoy impera.

No sólo estabilidad

Por lo que respecta a la política monetaria, es cierto que la Economía Social de Mercado pone un énfasis no pequeño en la estabilidad. Pero no es menos cierto que la política económica de Erhard miraba, además, a otros tres objetivos de importancia no menor: el crecimiento continuo, el pleno empleo y el equilibrio de la balanza de pagos. Y son muchos los que hoy se cuestionan si la ortodoxa política de estabilidad del Bundesbank está atendiendo suficientemente a esos otros objetivos. Según el economista François Gave, dicha política conduce a una reducción del stock de capital por debajo del nivel que permite el pleno empleo del trabajo. El objetivo del Bundesbank es favorecer la situación de la moneda alemana con vistas a la exportación. Pero el refuerzo del comercio exterior nunca ha sido un instrumento suficiente para favorecer el empleo.

Y por último, en cuanto al liderazgo de Alemania en Europa ante la unión monetaria, todo parece indicar que se está resquebrajando por momentos. ¿Estaría Erhard de acuerdo con esas uniones monetarias como la alemana de 1991 o la europea que se está preparando? Erhard fue uno de los pioneros de la Comunidad Económica Europea, pero a la vez su figura está indisolublemente asociada a la restauración y saneamiento del marco alemán como moneda fuerte y estable. Por eso no son pocos los euroescépticos alemanes que miran con desconfianza al futuro euro, al que algunos llaman “dinero para jugar al monopoly”. Hay como un paradójico contraste entre, por una parte, el tópico de los políticos que ve la unificación alemana como un “modelo” para la unión monetaria europea, y por otra parte, la pérdida de confianza de la opinión pública alemana en su propio modelo económico y en la estabilidad de su moneda.

Se echa en falta, pues, un liderazgo que devuelva a los alemanes la confianza en el futuro que Erhard supo infundirles con su talante realista y liberal. Pero esto exige olvidarse tanto de los modelos románticos como de los oportunismos pragmáticos, y acertar en esos pequeños pasos expertos que estimulan el ánimo emprendedor y crean el clima propicio para un crecimiento sostenido de la producción y del empleo.

Un hombre de estudio y de acción

Ludwig Erhard (Fürth, 1897-Bonn, 1977) era doctor en Ciencias Económicas y licenciado en Sociología. Durante la época de Hitler fue uno de los pocos expertos económicos que no se dejó contaminar por la ideología intervencionista nazi. En la II Guerra Mundial, Erhard no participó ni en el servicio militar activo ni en las misiones de producción industrial para la guerra, debido a su incapacidad física. Esto le permitió dedicarse a lo que consideró su misión: preparar los fundamentos intelectuales de la reconstrucción de un orden económico liberal para tiempos de paz, que habría de abordar tan pronto como terminase la guerra. Erhard trabajó por su cuenta en un estudio titulado “Financiación de la guerra y consolidación de la deuda”, que en los círculos de la resistencia fue considerado como una base fundamental para la futura reconstrucción. Su actividad le ocasionó dificultades con el poder, por las que en 1942 perdió su puesto de trabajo.

Nada más acabar la guerra, se le confiaron cargos públicos: ministro de Economía de Baviera (1945), presidente del Instituto de Dinero y Crédito (1947), director de la Administración de la Economía de la región económica unificada (las tres zonas ocupadas por las potencias occidentales) en 1948. Esta última función equivalía, en la práctica, a la de ministro de Economía nacional cuando aún no había nacido la República Federal de Alemania (RFA).

Desde ese puesto puso en marcha en 1948 una reforma monetaria a la que unió una extensa liberalización del comercio, por la que derogó numerosos reglamentos en que se fijaban precios. Esto constituyó un paso extraordinariamente valiente y difícil, que pronto demostró ser un gran éxito.

Más tarde, una vez constituida la RFA, Erhard ocupó el cargo de ministro de Economía en el gabinete federal bajo la cancillería de Konrad Adenauer, desde 1949 hasta 1963. Cuando Adenauer abandonó la política, Erhard le sucedió como candidato de la CDU a la cancillería federal y, ganadas las elecciones, ocupó ese cargo hasta 1966, año en que sus socios de coalición -los liberales del FDP- le retiraron su apoyo por una desavenencia presupuestaria. Posteriormente volvió a su escaño parlamentario de la CDU hasta el final de su carrera política.

Erhard es autor de numerosos artículos y publicaciones científicas y de divulgación, así como de discursos y conferencias publicados posteriormente. En español hay dos libros con textos suyos. Por una parte, la traducción -realizada por Enrique Tierno Galván- de su obra Bienestar para todos (Fundación Ignacio Villalonga, Valencia, 1957). La otra es una recopilación de documentos de los años 60 y 70, publicada bajo el título Economía Social de Mercado: su valor permanente (Rialp, Madrid, 1994).

Ignacio MiralbellIgnacio Miralbell es doctor en Filosofía y miembro asociado del Instituto Empresa y Humanismo._________________________(1) Introducción a L. Erhard, Economía Social de Mercado: su valor permanente, Rialp, Madrid (1994), p. 26. Edición a cargo de Ignacio Miralbell.(2) L. Erhard, Gedanken aus fünf Jahrzehnten, Econ, Düsseldorf (1988).(3) Introducción a L. Erhard, Economía Social de Mercado: su valor permanente, cit., pág 23.

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