Amigos de alquiler para bodas y funerales

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Duración lectura: 3m. 27s.

Las empresas especializadas proporcionan invitados que representan su papel

Ashiya. Para una boda se puede alquilar desde un traje hasta el coche de los novios. Pero en Japón, si es preciso, se pueden lograr también amigos de alquiler, para que la ceremonia tenga el debido empaque.

Uno de los aspectos de la formalidad japonesa que se sigue manteniendo de forma más solemne es el relativo a las bodas y los funerales. Aun cuando se vayan imponiendo nuevas modas en muchas otras funciones sociales, la mayoría de los japoneses prefieren llevar a cabo estas dos importantes ocasiones en gran estilo.

En las bodas sobre todo, un detalle esencial que no se puede pasar por alto es el número de invitados. Como los familiares del novio y de la novia -tanto en la ceremonia como en el convite- se sientan normalmente en grupos separados, se pone especial cuidado en que los dos grupos sean similares en número. Sería causa de confusión para las dos partes si uno de los grupos fuera ostensiblemente más pequeño. Incluso cuando la diferencia no es notable, se hace lo posible para igualarlos. Cuando es difícil conseguirlo, se invita a parientes lejanos, prácticamente desconocidos. Pero cuando no hay más remedio, se recurre a los benriya para sacar del apuro a los novios.

Benriya significa literalmente “persona útil”, siempre dispuesta a echar una mano en caso de necesidad: hacer un arreglo en el mobiliario, sacar a pasear el perro, reparar una gotera o un desagüe, etc. Últimamente, el “oficio” de benriya se extiende a muchos campos, incluido el de asistir a bodas y funerales haciéndose pasar por parientes o amigos de los novios; o de la familia en caso de defunciones. “Durante primavera y verano, las épocas preferidas para las bodas, recibimos de ocho a diez solicitudes mensuales para bodas, y otras tantas para funerales durante casi todo el año”, dice Matoshi Kakizaki, dueño de Zipango, una empresa de benriya de Tokio.

Las solicitudes suelen provenir de parejas con pocos amigos, de aquellas en que la fecha de boda coincide con la de otros compañeros, o bien de las que han fijado el día con prisas.

Aparte de Zipango, otra de las empresas conocidas que se especializa en este tipo de servicios es Apro, también de Tokio. Tanto una como otra proporcionan no sólo amigos o parientes, sino también invitados de honor, nakodo (intermediario o mediador de la boda) o incluso “padres” de la novia o del novio.

Todo es muy profesional y las precauciones nunca son pocas. Los actores necesitan un tiempo de preparación rigurosa y ensayo: memorizar nombres de personas y lugares, incluyendo la orografía del terreno, de forma que estén en condiciones de contestar a preguntas que otros invitados puedan hacerles. Entre las reglas básicas están: usar nombres de escuelas y empresas poco conocidas, sentarse lejos de los parientes cercanos de los novios y mantener la boca cerrada la mayor parte del tiempo, para evitar ser delatados a causa del acento o el dialecto.

“El dialecto -dice uno de los actores benriya- es imposible de perfeccionar en poco tiempo, por lo que procuramos mezclarnos con los demás invitados y desaparecer lo más pronto posible en cuanto se termina el banquete”. De todos modos, esta cautela es menos necesaria cuando se trata de ciudades grandes como Tokio, Osaka, Yokohama, etc.: “En estos casos -añade- hay más cosas en común entre los invitados y uno puede despreocuparse y disfrutar de la fiesta”.

Zipango cuenta con una plantilla de 150 personas. La mayoría han estudiado arte dramático o son actores profesionales. Los precios varían desde 280.000 yenes para “padres”, 180.000 para nakodo y entre treinta y cuarenta mil yenes para “amigos” o “compañeros de estudios”.

“Lo que nosotros queremos -dice el dueño de una de estas empresas- es hacer feliz a la gente; que esté contenta, aunque sólo sea por breves momentos”. En tiempos de crisis, este tipo de caridad parece ser bastante lucrativa. Antonio Mélich.