Vuelven los asesinatos políticos en Nigeria

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Duración lectura: 4m. 54s.

Lagos. Hace unos meses Nigeria pudo salir, contra todos los pronósticos, de la trama de una conspiración del presente gobierno para perpetuarse en el poder. La resistencia a los planes del presidente para cambiar la Constitución y conseguir una vía legal para presentarse a un tercer mandato fue tan fuerte, con la ayuda de la prensa y televisión libres, que el Senado se vio obligado a votar en contra de una propuesta de ley con las enmiendas constitucionales que hubieran permitido al presidente intentar su empeño con vistas a las elecciones de abril de 2007 (ver Aceprensa 62/06).

Pero este verano se han producido acontecimientos que parecen hacer retroceder los logros del libre juego de opiniones en la vida política y social. Se ve que todavía hay mucho camino que recorrer en la batalla para cambiar actitudes y enfoques de algunos políticos de este país en vías de desarrollo.

Crímenes nunca aclarados

El 27 de julio asesinaron a uno de los aspirantes mejores cualificados y con más probabilidades de salir elegido gobernador de Lagos en 2007: Funsho Williams. Los asesinos se infiltraron entre el servicio de su casa cuando se retiraba a dormir, fueron a su alcoba, lo estrangularon sin que nadie los viese y se marcharon también sin ser vistos. Dos semanas más tarde, el 14 de agosto, fue asesinado otro aspirante a gobernador, Ayo Daramola. Los dos competían por el nombramiento de candidato por el PDP en sus respectivos estados, Lagos y Ekiti. La motivación de estos crímenes está clara a los ojos de todo el país: eliminar al oponente. Las sospechas caen sobre sus competidores del PDP o alguien situado muy alto en el partido.

Los crímenes políticos no son cosa nueva en Nigeria, donde se han venido repitiendo con preocupante monotonía. A finales de 2001 asesinaron a Bola Ige, que era ministro de Justicia de la Federación en su casa privada de Ibadan. Todo el mundo sabe quién estaba detrás del asesinato a pesar de que la investigación de la policía y el proceso judicial no “lograron” descubrir a los culpables. Este es el más destacado de al menos seis asesinatos de políticos cometidos en los últimos años, ninguno de ellos esclarecido.

Ahora le ha tocado a Funsho Williams y Ayo Daramola. Williams era un hombre íntegro, refinado en cultura y educación: un “gentleman”. Era también un competente ingeniero civil de obras públicas y un excelente padre de familia. Era muy popular en el estado de Lagos, donde había sido director general en el Ministerio de Obras Públicas durante los años de las dictaduras militares. Con el advenimiento de la democracia, entró en el campo peligroso y corrupto de la política, para sanearla, y casi venció al presente gobernador dos veces: en 1999 y en 2003. Muchos le proclamaron vencedor en 2003 y aseguran que realmente ganó las elecciones, pero que los resultados se manipularon a favor del gobernador.

El asesinato tuvo lugar al cabo de unas semanas de mítines en varias zonas del estado de Lagos para conseguir el nombramiento del PDP como candidato a gobernador y prepararse para las elecciones generales de 2007. Parecía seguro que conseguiría la nominación. Está claro que un rival, o secuaces fanáticos del rival, decidieron eliminarlo antes del congreso del partido.

A Bola Ige le ocurrió algo parecido. Había escrito al presidente manifestándole su deseo de dejar su puesto de ministro de Justicia para preparar su campaña electoral y conseguir ser nombrado candidato presidencial en las elecciones de 2003. Era también una persona de gran integridad y competencia, muy popular. En las elecciones anteriores, de 1999, nombraron a otro menos cualificado como candidato presidencial y su partido perdió las elecciones. Era evidente que en las de 2003 conseguiría de su partido el nombramiento y por tanto, daría una buena batalla al mismo presidente, que se presentó efectivamente a las elecciones de 2003 y las ganó. A Bola Ige había que eliminarlo; y lo eliminaron antes de que pudiera siquiera organizar su campaña electoral.

La otra víctima reciente, Daramola, era también un hombre bien preparado. Especialista en nutrición, fue directivo de varias empresas antes de comenzar a trabajar para el Banco Mundial (BM). A su muerte era el administrador general de la Agencia para la Reducción de la Pobreza en el estado de Ekiti, organismo creado y sostenido con asistencia del BM.

Hace falta savia nueva

Como se ve, la política nigeriana se encuentra en mal estado. La corrupción está muy extendida entre la clase dirigente. Para cambiar la situación hace falta savia nueva. Pero mucha gente íntegra y competente no se mete en política porque no es fácil entrar y mantenerse limpio y vivo.

Algunos, sin embargo, se arriesgan. Entre ellos se encuentra Pat Utomi, profesor en la Lagos Business School hasta que este año decidió pedir la excedencia para participar en las próximas elecciones. No sería realista esperar que resulte elegido: habría que cambiar la ley electoral, que favorece a la clase dirigente. Sin embargo, es impresionante la acogida que ha tenido entre amplios sectores educados del país: profesionales, estudiantes. Se ve que hay una gran sed de honestidad y competencia.

Los nigerianos están ahora muy doloridos pero llenos de esperanza, porque estos asesinatos tendrán algún efecto beneficioso en la sociedad: convencer a más personas de que ése no es el camino del progreso y la paz social.

Los que matan, los que actúan como si el fin justificase cualquier clase de medios, no son dignos de dirigir la vida social: no deben ser apoyados, ni elegidos, ni se debe encubrirles.

Jide Martins