Sudán: la islamización acarrea deportaciones masivas

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El régimen militar de Sudán, encabezado por Omar H. Ahmad Al Bashir, continúa el proceso de islamización del país con el apoyo financiero de países como Arabia Saudita o Irán. Si en el Sur el gobierno y sus aliados beduinos combaten contra la población rebelde, en el Norte el establecimiento de un Estado islámico se impone sin respetar a las minorías.

En el Norte, la aplicación de la ley islámica (sharía), afecta especialmente a un millón y medio de personas que, huyendo de la guerra del Sur, se habían instalado en las afueras de Jartum. La mayoría son animistas y cristianos, de raza negra, y viven en condiciones míseras, en chabolas.

Por orden del gobierno, desde hace año y medio esta población está siendo transportada en camiones a zonas desérticas situadas a decenas de kilómetros de la capital, sin agua, alimentos, ni lugar para cobijarse. Se les traslada sin darles apenas tiempo a organizar los enseres; luego se destruyen sus viviendas. Hasta ahora, 700.000 personas han sido desterradas.

En las nuevas tierras, sólo los que aceptan abrazar la fe musulmana tienen derecho a recibir su ración alimenticia, pues la distribución de las ayudas internacionales está centralizada por el Organismo para la propagación de la fe musulmana.

Según el vicepresidente de Cáritas internacional, Henri Boulad, en la capital del Sur, Juba, hay unas 300.000 personas que intentan sobrevivir al hambre y a las enfermedades en medio del combate entre las fuerzas gubernamentales y los rebeldes del Ejército de Liberación del Pueblo Sudanés. La policía detiene sin pruebas a jóvenes que considera sospechosos de colaborar con los rebeldes, los tortura y asesina.

“La junta militar sudanesa es responsable de un genocidio en masa”, ha declarado Mons. Macram Max Gassis, obispo sudanés de Obeid, hoy en el exilio, a la revista Mondo e Missione. El obispo de Torit, Mons. Paride Taban, también exiliado, asegura que para el régimen de Jartum la lucha en el Sur es “la clave para abrir la puerta de África” en su proyecto de expansión islámica.

Por su parte, el administrador apostólico de la diócesis de Rumbek, Mons. Cesare Mazzolari, que ha regresado recientemente a Italia, ha declarado que, según los organismos humanitarios, más de cuatro millones de personas podrían morir de hambre en el Bahr El Ghazal y Ecuatoria, y que la guerra ha desplazado a más de cinco millones de personas. Las organizaciones no gubernamentales y la Iglesia sólo consiguen repartir ayudas al 10% de los civiles.

Tanto en el Sur como en el centro del país, prolifera la esclavitud. Así, en los montes Nuba, el gobierno ha decidido acabar de islamizar a un millón de personas. Ha ocupado por la fuerza los pueblos y ha obligado a los hombres a trabajar como esclavos en explotaciones del Norte, donde deberán someterse también a la sharía, mientras que las mujeres y niños son vendidos, también como esclavos, en otros países.

A pesar de este recrudecimiento de la islamización, ha habido algún cambio positivo en la política de permisos de entrada a misioneros. Se ha concedido a 39 misioneros, y sólo se ha negado una renovación.

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