África ha experimentado una regresión económica en los últimos 30 años

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La situación económica del África subsahariana es hoy inferior en términos reales a la de finales de los años 60. Según un informe que acaba de publicar el Banco Mundial, los conflictos bélicos, la corrupción e incuria de los gobiernos y las epidemias han contribuido a que el África subsahariana sea la única región del mundo que ha retrocedido en las últimas décadas. Pero el Banco reconoce también que la ayuda exterior ha estado mal planteada y en gran parte ha sido desviada.

Al principio de los años 60, los países africanos se consideraban más avanzados que los de Asia del Este. Sin embargo, desde entonces estos han conseguido un rápido crecimiento económico, mientras que la mayoría de los países africanos han experimentado un retroceso en términos reales. El PIB per cápita en el África subsahariana ha bajado de 546 dólares en 1970 a 525 en 1997, y a 336 dólares si se excluye a Sudáfrica. El PIB total de la región, que comprende 48 Estados y 621 millones de personas, equivale al de Argentina. En conjunto, representa apenas el 1% del PIB mundial.

La parte de África en el comercio mundial ha bajado al 2% de los intercambios totales. En los últimos treinta años, África ha perdido cuotas de mercado en el comercio de materias primas, que en teoría sería su principal baza comercial, mientras que apenas cuenta en las exportaciones de manufacturas.

El África subsahariana atrae escasas inversiones extranjeras, mientras que depende más que nunca de la ayuda exterior. Según el informe, los préstamos y donaciones de los países desarrollados suponen el 10% de la actividad económica total.

El informe reconoce que el Banco Mundial y sus agencias han gastado miles de millones en proyectos de ayuda mal planteados. También advierte que en torno a 30.000 millones de dólares de la ayuda internacional han sido desviados. El Banco estima que la corrupción puede reducir la tasa de crecimiento de un país en torno a un 0,5% o un 1% anual.

Otros factores que frenan el crecimiento son los conflictos bélicos (uno de cada cinco africanos vive en un país perturbado por guerras), las epidemias (malaria y SIDA, sobre todo), el desgobierno y la emigración de personal cualificado (unos 23.000 profesionales abandonan cada año el continente).

El informe del Banco Mundial, titulado “¿Puede reivindicar África su puesto en el siglo XXI?”, ve signos que permiten mantener la esperanza. Los países industrializados vuelven a interesarse por África. Las directrices del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, que durante años se centraron en el “ajuste estructural” para poner en orden las economías africanas, ahora subrayan como nuevo enfoque la reducción de la pobreza. Entre otras cosas, se ha adoptado un mecanismo para cancelar la deuda de los países pobres más endeudados.

Pero el signo más tangible de estímulo al desarrollo sería abrir los mercados de los países ricos a los productos africanos, en la línea de los acuerdos con la Unión Europea y de la ley recién aprobada en Estados Unidos.

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