Un futuro en positivo. La cooperación internacional en el siglo XXI

Future Positive. International Co-operation in the 21st Century

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Intermón-Oxfam. Barcelona (2002). 419 págs. 17 €. Traducción: Naomí Lareo, Daniel Najmías, Gonzalo Sánchez-Terán.

Michael Edwards es Director de la Unidad de Gobierno y Sociedad Civil de la Fundación Ford (Nueva York). De nacionalidad británica, ha trabajado durante más de veinte años en proyectos de desarrollo en Latinoamérica, en el sur de África y Asia. Después de ocupar cargos de responsabilidad en ONG internacionales, como Oxfam y Save the Children, trabajó en Washington, en el Departamento de Sociedad Civil del Banco Mundial, desde donde ha aportado interesantes reflexiones sobre las relaciones entre las ONG y las instituciones multilaterales (ver servicio 145/00).

En la presentación del libro en Madrid, el propio autor señalaba cómo ante las amenazas que suponen el terrorismo internacional, la pobreza y los conflictos, se han adoptado dos estrategias muy diferentes. La primera es la Pax Americana, que se traduce en regímenes globales de seguridad y desarrollo liderados por Estados Unidos. La segunda, más popular en Europa, es la del “gobierno local”, que implica desarrollar reglas e instituciones que garanticen la responsabilidad colectiva de los estados, los ciudadanos y las empresas, para afrontar las amenazas globales a través de la negociación democrática y las responsabilidades compartidas. Un futuro en positivo ofrece una guía útil para aquellos que optan por la segunda posibilidad, y reúne los argumentos que cuestionan la viabilidad de la primera.

La primera parte del libro de Edwards (Una mirada al pasado, capítulos 1 a 6) realiza un balance crítico de la cooperación internacional, evaluando las prácticas dominantes en la ayuda al desarrollo y en la asistencia humanitaria desde 1945. El autor hace un recorrido por los vicios que aquejan al sistema tradicional de relaciones entre donantes y beneficiarios, con abundantes referencias prácticas, en el que se pone de manifiesto que el sistema actual dificulta la apropiación de los procesos de desarrollo por parte de sus verdaderos protagonistas. Como se señala al final del libro, “en los últimos cincuenta años, los logros de la cooperación internacional han sido decepcionantes”.

Sobre la base de la evaluación expuesta en la primera parte, el autor propone un conjunto de interesantes sugerencias en la segunda (Una mirada al futuro, capítulos 7 a 12), intentando, mediante la “humanización del capitalismo”, reducir las desigualdades y las inseguridades que son el caldo de cultivo de la violencia. Algunos podrán objetar que cuesta creer que no pocas de las reformas propuestas, pese a ser muy sugestivas, puedan llevarse a cabo. Por ejemplo, en el capítulo 7 se defiende que la mejor manera de resolver los problemas de la ayuda externa sería un pacto global, respaldado por un fondo mundial de desarrollo, independiente del control de las grandes potencias. Habría así un marco único y negociado de cooperación al desarrollo para cada país, con financiación consolidada y acuerdos vinculantes sobre la acción nacional e internacional, regidos y auditados por un consorcio local de gobiernos, empresas y sociedad civil.

No obstante, en el actual escenario internacional, el libro de Edwards supone una mirada optimista, realista y valiente, plena de un entusiasmo intelectual que se esfuerza por ampliar el número de soluciones posibles.

Javier Sota

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