Ser una empresa familiarmente responsable, ¿lujo o necesidad?

Pearson. Madrid (2007). 159 págs. 13,30 €.

Nuria Chinchilla es quizás una de las mejores expertas en el ámbito de conciliación de vida laboral y familiar. Profesora del IESE y directora del Centro Internacional Trabajo y Familia en dicha institución, Chinchilla ha sido pionera en España en mostrar al sector empresarial, sin olvidar a las administraciones públicas, los beneficios y ventajas de que las empresas sean “familiarmente responsables” en beneficio de las propias compañías, de la sociedad, de las familias y, por supuesto, de las personas.

Este libro, sencillo y asequible, analiza el concepto de Empresa Familiarmente Responsable desarrollado en el IESE y la base científica del certificado que lleva el mismo nombre lanzado por la Fundación +Familia. La familia del empleado, sostiene Chinchilla, ha pasado a convertirse en un nuevo “stakeholder” de la empresa, un público que tiene un impacto o afecta a la marcha de la empresa… y también es “afectado” por ella.

La autora analiza los diferentes motivos por los cuales las empresas buscan convertirse en empresas familiarmente responsables bajo tres modelos. El primero sería el modelo de empresa mecanicista: aquel que incorpora las prácticas de conciliación de trabajo y familia como una estrategia de “marketing” o reputación corporativa. Esta concepción de la empresa implica una visión muy parcial. En realidad, está viendo sólo la punta del “iceberg”, es decir la organización formal (los roles, los procedimientos, etc…) e ignora aquellos aspectos no formalizados que son tanto o más decisivos para la marcha de la empresa.

El segundo es el modelo psicosocial que muestra cómo las empresas utilizan las prácticas de conciliación para atraer y retener el talento. Finalmente, el modelo antropológico humanista, que fomenta una cultura familiarmente responsable, ve la organización como una institución cuya finalidad es no sólo conseguir la eficacia y el atractivo que retiene el talento por motivos intrínsecos, sino también por la identificación de sus miembros con la empresa y sus objetivos, porque se le da sentido a toda la acción humana que coordina.

Otro apartado muy interesante del texto de Chinchilla es el “ranking” de las competencias directivas más buscadas y valoradas por las empresas. Las competencias están agrupadas en tres niveles: estratégicas, las necesarias para el logro de los resultados económicos; intratégicas, las necesarias para el logro de la unidad, y las de eficacia personal, aquellas que facilitan una relación eficaz de la persona con su entorno. Familia y trabajo, en palabras de la autora, no son ámbitos contrapuestos, sino sinérgicos, pues ambos son escuelas de competencias.

Por último, se hace una revisión del nivel de conciliación en España y una introducción del tema en siete países de América Latina. También se incluye como anexos material que facilita a directivos y empresas la puesta en marcha y aplicación del modelo Empresa Familiarmente Responsable.

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