Sentido cristiano del hombre

TÍTULO ORIGINALSens chrétien de l’homme

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Palabra. Madrid (2001). 353 págs. 2.400 ptas. Traducción: Mateo de Torre.

Jean Mouroux (1901-1973) pertenece al grupo de intelectuales -franceses y alemanes en su mayor parte- que, en los decenios anteriores al Concilio Vaticano II, asumieron un papel decisivo en la renovación del pensamiento católico. Fue un autor solitario, pero bien conocido en su época. Pablo VI le invitó a participar como experto en el Concilio Vaticano II.

En 1945 Sentido cristiano del hombre -“libro profético de la Gaudium et spes”, según Yves Congar- sorprendió por su originalidad y enseguida se sucedieron las traducciones a ocho lenguas, entre ellas el castellano. La presente edición es una nueva oportunidad para recuperar unas buenas páginas que podían haber caído en el olvido.

El estilo empleado es directo, sencillo e, incluso, dotado de una cierta poesía. Las fuentes en las que se inspira Mouroux combinan los autores clásicos con los modernos: Newman y Tomás de Aquino, Blondel y San Agustín, sin olvidar a los existencialistas y al personalismo del momento. El mundo, la persona e incluso Cristo son vistos con una luz nueva. En la primera parte (“Valores temporales”), el autor ve el mundo en toda su belleza y su esplendor. Sin embargo, este optimismo no será ingenuidad, pues aprecia también la sombra del mal y la necesidad de la redención.

Sigue después el apartado “Valores corporales”, en el que se habla de la dignidad y miseria del cuerpo. Se refiere a éste como instrumento y a la vez velo del alma, como “barro” y complemento necesario del espíritu. El cuerpo debe ser también redimido por Jesucristo: traspasado por el dolor y la muerte, resucitará también en Cristo. Así llegamos al momento culminante, “Valores espirituales”, en que se habla de la persona como un espíritu encarnado. Se abordará entonces un tema muy querido para los existencialistas y otros pensadores del siglo XX: la libertad y el amor como centro de nuestra existencia. Sin embargo, se hará notar una vez más aquí la ambigüedad de la condición humana. La gracia tendrá que acudir también en auxilio de la libertad, para alcanzar así la plenitud en el amor.

Mouroux hace en Sentido cristiano del hombre una serie de afirmaciones sobre la persona, la libertad o el amor a las que ahora estamos ya acostumbrados, pero que en su tiempo resultaron bastante novedosas. Así, podríamos decir que se trata de un avance del “personalismo cristológico” que ha sido después ratificado y divulgado por el Vaticano II y el magisterio de Juan Pablo II. Todo esto proporciona a este libro un interés que no es sólo histórico.

Pablo Blanco

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