Razones para actuar. Una teoría del libre albedrío

John R. Searle

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Ediciones Nobel. Oviedo (2000). 289 págs. 2.350 ptas. Traducción: Luis M. Valdés Villanueva.

John Searle (Denver, 1932) es uno de los filósofos norteamericanos más destacados en la filosofía del lenguaje y en la filosofía de lo mental contemporáneas. En el ámbito de la filosofía del lenguaje le corresponde el mérito de haber elaborado en los años sesenta, siguiendo al filósofo de Oxford John L. Austin, la teoría de los actos de habla, que ha sido capital para el desarrollo moderno de la pragmática lingüística.

En los últimos veinte años este profesor de Berkeley ha centrado su atención sobre todo en la filosofía de lo mental, ocupándose principalmente de los presupuestos de la Inteligencia Artificial y del análisis de nociones tan importantes como la intencionalidad. Aunque no es creyente y favorece un enfoque naturalista, Searle ha rechazado siempre las teorías materialistas que reducen la mente a meros procesos físico-químicos cerebrales. Searle es el autor del famoso argumento de la habitación china contra quienes pretenden entender la mente como un programa de ordenador. Un ordenador vendría a asemejarse a una persona encerrada en una habitación que con un manual de traducción adecuado contestara las preguntas en chino que le pasan por escrito: quizá su interlocutor crea que la persona encerrada entiende chino, pero lo que realmente sabe es manejar el manual de traducción. De modo semejante, los ordenadores están en un nivel meramente sintáctico y no entienden la dimensión semántica, los significados.

John Searle ha publicado hasta la fecha once libros, varios de ellos traducidos al castellano. Dentro de esa serie de publicaciones, Razones para actuar ha tenido una recepción especial en nuestro país, pues ha sido galardonado con el Premio Internacional de Ensayo Jovellanos 2000. El libro es una decidida defensa de una concepción de la racionalidad humana anclada en la experiencia de la libertad. Mientras que la cultura cientista dominante considera que la racionalidad humana es algo así como una extensión de la racionalidad del chimpancé, es decir, que somos chimpancés parlantes extraordinariamente listos, Searle sostiene que “hay algunas diferencias fundamentales entre la racionalidad humana y el razonar instrumental de los chimpancés” (p. 46).

La racionalidad no es una facultad separada, sino que está incorporada en la estructura del pensamiento y del lenguaje. No está constituida por un conjunto de reglas lógicas, sino que se trata de un fenómeno biológico y, por tanto -afirma Searle contra el relativismo cultural imperante-, es universal, “se extiende a través de todos los seres humanos” (p. 256). La gran diferencia entre nosotros y los chimpancés “es que tenemos la capacidad de crear, reconocer y actuar de acuerdo con razones para la acción independientes del deseo” (pp. 143-4). La racionalidad solo se aplica donde hay libre elección.

Razones para actuar resulta un libro sugestivo para el especialista en filosofía de lo mental, pues tiene argumentaciones valiosas y una pretensión de proporcionar una teoría coherente de la racionalidad. Sin embargo, aunque haya obtenido un premio de ensayo y su traductor haya añadido un valioso glosario explicativo de 65 términos de carácter más técnico, el conjunto del libro resulta algo deslavazado y de difícil comprensión para el no especialista, que sacará probablemente más provecho de la lectura de otro libro de Searle, Mentes, cerebros y ciencia (Cátedra, Madrid, 1985).

Jaime Nubiola