Made in China

Manel Ollé

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Destino. Barcelona (2005). 351 págs. 24 €.

Este libro de Manel Ollé, profesor de Estudios de Asia Oriental en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, va mucho más allá de los clásicos análisis de política internacional o de perspectiva económica sobre China. Aunque sea también una documentada crónica de esos y otros aspectos de la China actual, aporta una gran variedad de claves históricas, culturales y sociales que permiten entender muchos acontecimientos.

La historia y la cultura son dos ejes fundamentales de la obra. De hecho, sus últimas cien páginas constituyen una valiosa fuente de información en torno a la lengua y sus dialectos, las literaturas del interior y del exilio, las diversas cinematografías, las artes plásticas, y por supuesto, sobre el auge de Internet en el país, pese a las acechanzas continuas de la censura.

Manel Ollé expone una visión de China basada, sobre todo, en la continuidad histórica. Por ejemplo, rechaza el tópico de que la decadencia china esté asociada a la era de los descubrimientos, pues al comienzo de la Revolución Industrial China seguía siendo la primera potencia manufacturera mundial, y hoy, tras la entrada china en la OMC, se vuelve a decir que este país es la “fábrica del mundo”. Ni siquiera el comunismo ha supuesto la ruptura con la historia de la China milenaria: ha sido una “dinastía roja” con emperadores como Mao o Deng Xiaoping. Ha representado -y representa- una continuidad con la época imperial, con toda su carga de estatalismo y burocracia, y sus inevitables añadidos de paternalismo y corrupción. El autor ve en la China de hoy toda una serie de paralelismos con el pasado imperial: secretismo, silenciamiento de toda oposición, necesidad de exhibición pública del poder, minimización de las prácticas corruptas…

El autor no vislumbra ninguna perspectiva de democracia al estilo occidental, pese a las inquietudes democráticas vividas por muchos de los habitantes de Hong Kong o Taiwán. Las autoridades apuestan, más bien, por un poder paternalista y benévolo, en línea con la tradición imperial. No parece inquietarles la emergencia de clases medias y altas: todos caben en el Partido Comunista, incluso los grandes hombres de negocios, como pone de manifiesto la teoría de las tres representaciones, acuñada por Hu Jintao en el XIV congreso del Partido.

Así pues, la cultura y la continuidad histórica siguen dominando la atmósfera política china, no sólo en el interior sino también en la política exterior: sirven para alimentar mitos y sueños de gran potencia, que sean útiles para reconstruir el prestigio del Imperio del Centro y borren el recuerdo de las humillaciones sufridas desde la derrota en la guerra del opio al triunfo de la revolución maoísta. Todos los aspectos de la política se contemplan, por tanto, como una continuación de la China eterna, ajena a occidentalizaciones o democratizaciones.

Antonio R. Rubio

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