La semilla inmortal

Jordi Balló y Xavier Pérez

Anagrama. Barcelona (1997). 359 págs. 3.200 ptas.

¿Dónde nacen las historias cinematográficas? ¿Cuál es la fuente de inspiración de los guionistas? El filón del que surgen las tramas que sirven de base a las historias de celuloide parece inagotable, pero ¿cuáles son sus raíces? Jordi Balló y Xavier Pérez, profesores de guión y narrativa audiovisual en la universidad Pompeu Fabra (Barcelona), dan una respuesta tan innovadora como simple: “Las narraciones que el cine ha contado y cuenta no serían otra cosa que una forma peculiar, singular, última, de recrear las semillas inmortales que la evolución de la dramaturgia ha ido encadenando y multiplicando”. Sobre esta base se elabora La semilla inmortal un sugestivo y original ensayo sobre los argumentos universales en el cine.

Los textos clásicos griegos, Shakespeare, Chejov, Kafka estarían, entre otros autores, como creadores de líneas argumentales que se repiten en historias cinematográficas de diferente cuño. Personajes arquetípicos perduran en argumentos muy diferentes pero que coinciden en una semilla común. Edipo, Antígona, Ulises, Fausto, Mefistófeles, Don Juan, el Dr. Jeckyll y Mr. Hyde, la Cenicienta, la Bella y la bestia, Madame Bovary, son arquetipos que en diferentes épocas y con diferentes tratamientos aparecen y reaparecen en las historias cinematográficas.

Como demostración e ilustración de su tesis, los autores agrupan en diversos capítulos una buena lista de títulos cinematográficos cuya base argumental se basa en estos textos o personajes. En el fondo es como si todo estuviera ya escrito, sólo una reescritura del tiempo tamizaría de novedoso aquello que en otras épocas ya existía, arropado con vestidos diferentes. Indiana Jones busca como Jasón su vellocino de oro, en este caso el arca perdida o el santo grial. Julia Roberts es la nueva cenicienta en Pretty Woman, los personajes de West Side Story repiten en el barrio marginal neoyorquino la historia inmortal de Shakespeare, Romeo y Julieta. El Don Juan de Zorrilla o el de Tirso de Molina en El burlador de Sevilla es un personaje que se da hasta la saciedad en el cine, y la autora de Frankestein, Mary Shelley, subtitulaba su novela como la historia del nuevo Prometeo. El capítulo dedicado al “intruso benefactor”, en el que se estudia la personalidad del Mesías, es quizás el que adolece de mayor falta de rigor.

Es este un libro interesante por lo novedoso de sus aportaciones, ameno porque está bien escrito y sugestivo porque invita al lector a completar la notable lista de títulos que todavía tienen cabida en sus diversos análisis de personajes e historias.

José Angel Cortés

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