La familia como primera realidad económica

TÍTULO ORIGINALFamille et structure de la population européenne: une analyse économique

GÉNERO

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Rialp. Madrid (1995). 102 págs. 950 ptas.

Parece ya lugar común repetir que “la familia es el núcleo de la sociedad”. Sin embargo, desde los años 60 viene observándose que la gente se casa menos y más tarde, aumentan los divorcios, desciende la natalidad y se incrementa el número de hijos habidos fuera del matrimonio así como las uniones no matrimoniales. Ante este panorama caben muchos análisis y uno de ellos -no el menos importante- es el económico, ya que, según demuestra este libro, las ventajas fiscales y sociales también influyen en la prevalencia de las distintas formas de familia.

Jean Didier-Lecaillon es doctor en Ciencias Económicas, profesor en la Universidad de Paris-Val de Marne e investigador del Centro de Estudios e Investigaciones sobre Economía Internacional. Además es miembro del Comité Europeo sobre Población y del comité de redacción de la revista Population et Avenir. Este pequeño y denso libro contiene un análisis tanto económico como demográfico de la situación, así como concretas propuestas de políticas familiares.

La primera parte del libro se dedica a establecer los lazos entre familia, economía y sociedad. Lecaillon considera que los hijos han dejado de ser inversión para el futuro a causa, fundamentalmente, de la desvalorización del trabajo de las mujeres en el hogar. La baja natalidad se debe tanto a la revolución contraceptiva como al hecho de que las mujeres decidan o se vean obligadas a trabajar fuera del hogar (la distinción resulta problemática). El segundo apartado pasa revista a la relación entre población y crecimiento económico, explicando los efectos negativos que producirá el actual “invierno demográfico”. La tercera parte del libro expone las políticas familiares adoptadas en dos países europeos -Francia y Suecia-, así como unas orientaciones prácticas tanto sobre las medidas concretas como sobre los criterios para alentar en el futuro un clima favorable a la familia.

El libro de Lecaillon pone de manifiesto que la “inversión en juventud” hace posible el desarrollo económico. También muestra con acierto la realidad incuestionable -y eso que no se refiere a la situación española (mucho peor), sino a la francesa- de la injusticia fiscal y social con que hoy son tratadas las familias, no ya numerosas sino simplemente con hijos o personas dependientes.

Sin embargo, resulta demasiado insistente al proponer, como tabla de salvación de la natalidad, que las mujeres permanezcan en sus hogares, sobre todo si lo comparamos con el escaso énfasis que presta al necesario cambio de los actuales modelos de trabajo, cuya falta de flexibilidad puede explicar en gran parte que muchas mujeres no tengan más hijos. Junto a las medidas fiscales y otras políticas sociales de urgente necesidad, no cabe duda de que las empresas tienen también su responsabilidad. Y de que el enfoque empresarial pro-familia resulta más justo y eficaz que el que considera todas estas cuestiones centradas unívocamente en la mujer.

Aurora Pimentel