La cultura del nuevo capitalismo

TÍTULO ORIGINALThe Culture of the New Capitalism

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Anagrama. Barcelona (2006). 185 págs. 15 €. Traducción: Marco Aurelio Galmarini.

El sociólogo norteamericano Richard Sennett aborda en este libro, fruto de una serie de tres conferencias pronunciadas en la Universidad de Yale, las metaformosis del capitalismo de fines del siglo XX y su repercusión en la valoración de las competencias del individuo y en las formas de consumo. Los cambios institucionales que describe en los lugares de trabajo se refieren en realidad solo a los sectores de vanguardia de la economía, un ámbito limitado pero cuya influencia cultural trasciende su importancia numérica.

En el capitalismo de la última década advierte cambios decisivos: trasferencia del poder de la dirección a los accionistas, que en gran parte son fondos de inversión; en consecuencia, predominio de un “capitalismo impaciente”, centrado en los resultados a corto plazo, donde la medida es el precio de las acciones más que los dividendos; y reducción de los niveles jerárquicos, ya que las nuevas tecnologías de comunicación y de fabricación hacen menos necesaria la mediación y adaptación de órdenes.

Pero, tras el estallido de las burocracias y el triunfo de las organizaciones flexibles, el clima laboral no ha mejorado. La desigualdad de ingresos y la distancia social en la empresa han aumentado, la lealtad mutua entre empresa y trabajador se ha desvanecido, y el prestigio moral del trabajo se ha erosionado.

Hay que tener en cuenta que Sennett habla sobre todo del capitalismo americano. Pero el mundo de las grandes empresas, con sus OPAS, reestructuraciones y atención al corto plazo, se parece cada vez más en todo el mundo.

Esta metamorfosis del capitalismo hace que el fantasma de la inutilidad laboral se haya convertido en una amenaza, que acecha tras la globalización de la mano de obra, la automatización y la prejubilación. Las habilidades fijas -como las que encarnaba el artesano- son cada vez menos valoradas en organizaciones donde lo que cuenta es la potencialidad para adaptarse más que los logros del pasado.

Las formas de consumo son otras de las manifestaciones de la cultura del nuevo capitalismo que analiza Sennett. El sociólogo hace un sutil análisis de la pasión por el consumo que se manifiesta en el deslumbramiento por las marcas y en la compra de potencia, aunque sea tan inútil como la de los “todo terreno” que inundan las ciudades y consagran una libertad imaginaria: “aunque encallados en el tráfico, con ellos se tiene la posibilidad de conducir por el desierto o de atravesar el Ártico”. Sennett se plantea también por qué en una cultura tan volcada al cambio en el consumo no haya producido una política más “progresista”.

Sennett vivió las ilusiones revolucionarias de los años setenta, pero hoy se siente a gusto con las reformas del nuevo laborismo británico. No cultiva la nostalgia ante los cambios que se han producido en las instituciones, las habilidades profesionales y las pautas de consumo, si bien niega que esos cambios hayan liberado a la gente. Sus observaciones combinan la perspectiva social, la económica y la ética, moviéndose con sagacidad entre las grandes ideas y los ejemplos concretos. Solo que, como hombre de izquierda, le queda el resabio de que no puede haber preocupación social fuera del Estado.

Ignacio Aréchaga

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