El realismo en la pintura del siglo XX

TÍTULO ORIGINALRealism in 20th Century Painting

GÉNERO

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Destino. Madrid (2001). 223 págs. 19,83 €. Traducción: Sílvia Alemany Vilalta.

El realismo ha gozado del favor del público occidental desde los orígenes del arte. Las primeras teorías sobre el arte valoraban la imitación fiel de la realidad hasta el punto de que la confusión ante lo pintado era la demostración de que aquellas uvas pintadas por Zeuxes que engañaron a los pájaros o la tela inexistente que intentó descorrer Parrasio eran la mejor pintura posible.

Sin embargo, hasta el siglo XIX, la falta de verosimilitud continuó siendo la herida en la que hurgó la crítica. Pero después, la voluntad creativa de las vanguardias generó un arte abstracto con el que se identifica, de forma general, el siglo XX. Y el realismo fue quedando marginado. Incluso, en la segunda mitad del siglo, el pecado del interés por el arte realista llevaba como penitencia el calificativo de trasnochado, decimonónico o académico.

Ahora que se revisa el siglo XX y su arte, se descubre que el realismo no sólo no es tabú sino que ha estado presente sin solución de continuidad. Eso sí, no necesariamente en el sentido mimético que se le adjudicaba anteriormente. Porque realismos hay muchos. Incluso demasiados para que a esa palabra pueda adjudicársele un sentido único. En poco se parecen las pinturas que Courbet presentó en su barracón bajo el cartel de El realismo con las que Apollinaire catalogó como cubistas. Y éstas se alejan de la estética de las pinturas soviéticas de la época de Stalin como también de las surrealistas.

La cuestión está en saber qué es el realismo, y si puede haber un arte que verdaderamente no tenga su raíz en la realidad. O, de otro modo, si es posible analizar cualquier obra desde una clave realista más allá del establecimiento de relaciones con las formas de la realidad más conocidas. A ello se aplica Brendan Prendeville. Y para ello, tras establecer una rápida filiación remota desde Egipto y Grecia, recurre al análisis de conjuntos que componen un buen ramillete de ejemplos de esos realismos no siempre tenidos por tales que se adjetivan de modos hasta contradictorios, fruto de su condición impura, parcial e híbrida.

Esta obra, en fin, es un manual que, a la vez que enseña, exige de su lector un conocimiento suficiente de la materia.

José Ignacio Gómez Álvarez

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