El interés por la verdad

Antonio Millán-Puelles

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Rialp. Madrid (1997). 336 págs. 3.600 ptas.

Una de las notas características del pensamiento de Millán-Puelles es su indiferencia radical respecto de lo que suele llamarse “modas intelectuales”. Cuando se ocupa de cuestiones de actualidad, no lo hace porque lo sean, sino por el interés que encierran en sí mismas y porque tropieza con ellas en su búsqueda de lo esencial. Y en filosofía, pocos asuntos pueden considerarse tan esenciales e invulnerables a las modas como el de la misma vocación a buscar la verdad en la que consiste la tarea filosófica.

Primero, el autor aborda directamente el problema de si la inteligencia humana puede estar dotada de un interés auténticamente teórico, para presentar una de las tesis centrales del libro: el valor que en sí misma tiene la teoría. Esto no implica que quien busca la pura verdad no se interese nada más que por la teoría, de la misma forma que tampoco el hombre de acción se interesa sólo por lo práctico. Pero exige una impugnación del principio utilitarista o pragmático, tarea que el autor aborda con gran eficacia argumental.

Condición esencial de la existencia de una natural inclinación humana a interesarse por el conocimiento de la verdad es la inteligibilidad misma de lo real. Esto obliga a discutir la tesis kantiana de la imposibilidad de conocer el ser del objeto. A propósito de esto aparece una de las ideas quizá más originales del libro: la crítica del peculiar “activismo” de quien busca sin querer encontrar, que se define por ser “más amante de descubrir la verdad que de la verdad descubierta”.

En un planteamiento fundamental del interés por la verdad tampoco puede faltar una discusión seria sobre la tesis relativista. El autor la aborda en todas sus posibles inflexiones a partir de la fórmula de Protágoras, para mostrar la circularidad en que incurre y concluir que, “aunque no lo diga, el relativista piensa que la tesis relativista es verdadera incluso en el caso de que nadie, ni siquiera él mismo, la tuviese por tal”.

El libro se estructura en dos partes: el interés por conocer la verdad y el interés por darla a conocer, ambas acompañadas de consideraciones acerca de los aspectos éticos, tanto del interés cognoscitivo como del comunicativo. En la segunda parte, el discurso se desarrolla sobre tres supuestos del interés comunicativo: la intersubjetividad, la innata tendencia a comunicar la verdad y la comunicabilidad misma de ella.

José María Barrio Maestre

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