El espíritu de España

TÍTULO ORIGINALThe Spirit of Spain

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Alianza. Madrid (2003). 236 págs. 17 €. Traducción: César Armando Gómez.

Estamos ante un ensayo original, escrito por un hispanista norteamericano, que profundiza en las raíces históricas, culturales, religiosas y sociológicas de España y de los españoles. Una conclusión inmediata sería la veracidad de aquel eslogan de “España es diferente”, que no implica necesariamente el aislamiento o el narcisismo. Para Raley, España es un país tan europeo como cualquier otro, pero sin circunscribir lo europeo a la modernidad racionalista. No tiene a un Bacon, un Newton, un Leibniz o un Kant, pero posee, en cambio, a Cervantes, Santa Teresa, Velázquez, Gracián, Calderón o Goya, figuras que gozan de un reconocimiento no menos universal.

Tampoco estos nombres simbolizan una etapa histórica gloriosa y distante, pues el siglo XX se inaugura, pese a la pérdida de autoestima que supone el desastre colonial, con la influencia de grandes pensadores de la generación del 98, como Unamuno, Ganivet o Azorín. Estos autores expresan la originalidad de una nueva percepción del tiempo presente, que abarca simultáneamente el pasado y el futuro previsible. Tenemos así un “pensamiento fuerte” que huye de la superficialidad que representaba el decandentismo tan en boga en círculos culturales europeos de hace un siglo. El conocimiento que Raley tiene de los autores del 98 le permite salir al paso de la imagen tópica de que son escritores obsesionados por la decadencia de España. Antes bien, esa generación es el punto de arranque de otras tres no menos brillantes, a las que el autor también califica de “generaciones del 98”.

Raley combate la imagen negativa de España, acuñada por los filósofos franceses del XVIII, “un país medieval, estancado y monstruoso”. Esa visión debió de contribuir a una hipervaloración posterior del pasado islámico, que olvida que Al Andalus nunca estuvo en la España cultural aunque sí en la geográfica. Por el contrario, y siguiendo las tesis de Ortega y Marías, el autor recalca que Europa es a la vez punto de partida y destino de España; y que la Edad Media española debe interpretarse, sobre todo, como la resistencia de unos cristianos que querían seguir siendo europeos.

Antonio R. Rubio