Antropología filosófica

Javier Aranguren

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McGraw Hill. Madrid (2003). 287 págs. 25 €.

Platón señalaba en su Carta VII que la sabiduría en determinados asuntos no era cuestión de fórmulas, sino de frecuentar y convivir durante largo tiempo con esos problemas y de discutirlos amablemente. Sólo después brota repentinamente la verdad en el alma, como de la chispa brota la luz, y enseguida crece por sí misma. Javier Aranguren ha escrito este libro tras años de impartir la asignatura de Fundamentos de Antropología en la Universidad de Navarra. El libro es el resultado de ordenar y pulir los materiales de aquellas clases y los modos de explicarlos.

Los ocho capítulos del libro abordan temas como los grados de vida, qué distingue al hombre del resto de seres vivos, la dimensión intelectual y sentimental, la posibilidad del conocimiento, la singularidad de cada hombre y su ser personal, la plasticidad humana y la pregunta por la identidad o la posibilidad de la felicidad. Todos son temas clásicos de la antropología filosófica, pero Aranguren consigue plantearlos con originalidad.

Su innovación surge por distintas vías: por una parte, inicia cada capítulo con uno o varios extractos breves de novelas, cuentos o tratados de filosofía; inserta cuadros esquemáticos en la explicación de los temas que sirven de guía para seguir las argumentaciones; y añade, en un formato y color distinto, asuntos que no convenía desarrollar en el texto pero que aclaran y suscitan otras líneas de investigación y acercamiento a los problemas. Además, se sirve de ejemplos y argumentos de actualidad para exponer los temas, sin renunciar a explicar también las posiciones y argumentaciones clásicas de la historia de la filosofía.

El objetivo del libro es doble. Por una parte trata de responder a la pregunta quién es el hombre, y por otra, busca entablar con el lector esa conversación amable de la que hablaba Platón para invitarle a reflexionar filosóficamente acerca del ser humano. Para el primer objetivo se ha servido de la definición del hombre como un ser excéntrico. El autor subraya así la posibilidad del hombre de trascender la necesidad -de actuar más allá de la supervivencia- y de salir de sí gracias a su inteligencia, voluntad y libertad; o lo que es lo mismo, gracias a la capacidad de entender, de querer y de elegir.

El segundo objetivo se consigue sólo con la colaboración del lector. Aranguren invita a pararse a pensar, a admirarse ante el misterio de lo cotidiano que va más allá de nuestras iniciales expectativas. Una invitación que cuesta rechazar por el estilo socrático con el que ha redactado el libro: una escritura plagada de preguntas y respuestas, y argumentos a favor o en contra con los que parece adivinar el itinerario de la reflexión del lector. Se advierte que el libro responde a su estilo como profesor. A ese que logra encender en el alumno las ganas de saber más, de hacer otra pregunta.

Marta Torregrosa