Agnosticismo. Raíces, actitudes y consecuencias

Rafael Corazón González

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EUNSA. Pamplona (1997). 192 págs. 1.950 ptas.

“Yo soy agnóstico”. Durante años ha sido en España una frase manida de políticos y de algunos hombre de cultura, cuando eran interrogados sobre sus creencias religiosas, en especial a raíz del libro del “viejo profesor” Tierno Galván, ¿Qué es ser agnóstico? (1975).

Rafael Corazón publica ahora una monografía sobre el agnosticismo, en la que analiza con detalle sus raíces filosóficas y describe con notable acierto las características generales de esta actitud vital. Las raíces del término agnosticismo pueden rastrearse hasta Ockham y Descartes, pero básicamente se remontan a Kant, quien trató de probar que la existencia de Dios es indemostrable, y que la cuestión escapa a la esfera del conocimiento intelectual. Con todo, Kant afirmaba que creía en Dios: “Creo en Dios firmemente”, escribió. Los agnósticos actuales no creen en Dios, aunque tampoco se sitúan en lo que hoy sería una postura “culturalmente incorrecta” por dogmática: declararse ateos. El agnosticismo -dice el profesor Corazón- “es por definición antidogmático y, por consiguiente, relativista”. Se dice tolerante porque no impone a nadie sus propios criterios, no tiene muy definidas las fronteras entre el bien y el mal, pues desconfía de las teorías, y ha desechado la metafísica. Sólo le queda el sentimiento como guía vital.

Desde esta postura, no es extraño que la afirmación de unos principios éticos absolutos se considere un riesgo de intolerancia. Pero, como ha observado Spaemann, sólo quien posee una profunda convicción de la dignidad humana será capaz de tolerar y respetar a quien no piense como él, e incluso a quien actúe en contra de algunos principios éticos.

¿Es posible salir del agnosticismo así descrito? Rafael Corazón piensa que sí, porque la libertad humana no queda capitidisminuida por la verdad. Basta alcanzar una sola verdad acerca de algo, decía Aristóteles, para tener el antídoto contra el relativismo.

José Miguel Odero