Violencia contra el clero católico en México

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Por séptimo año consecutivo, el Centro Católico Multimedial de México ubica al país azteca en el primer lugar en América Latina en cuanto a violencia contra el clero católico. Según su cuenta, desde 2012 ha habido 15 homicidios de sacerdotes, además de la desaparición, aún sin aclarar, de otros dos, y el asesinato de dos laicos.

“México sigue siendo peligroso para el ejercicio sacerdotal –subraya el reporte del CCM–. Es necesario señalar que los miembros de la Iglesia no tienen conflicto con los grupos que están cometiendo ilícitos en el país. No obstante, existen sectores de la sociedad que aprovechan la efervescencia de la violencia y se muestran insolentes contra los religiosos”.

Según el informe, los grupos que atentan contra sacerdotes y religiosos pretenden poner coto a actividades pastorales relacionadas con la asistencia sanitaria y la educación, y frenar el apoyo que se presta desde las comunidades católicas a los migrantes que transitan por territorio mexicano.

“Los agentes de pastoral, y en específico, los sacerdotes, son más vulnerables a diversos ataques, como lo muestra la creciente ola de agresión, asesinatos y desapariciones acaecidos bajo la mirada indiferente de las autoridades, sobre todo en las zonas de alto riesgo, donde prolifera la inseguridad y operan los grupos del crimen organizado”.

Los casos más recientes de violencia contra presbíteros católicos han sido el secuestro y asesinato de los sacerdotes Alejo Nabor Jiménez Juárez y José Alfredo Juárez de la Cruz, hechos acaecidos entre el 18 y el 19 de septiembre en Veracruz. Un crimen similar tuvo como víctima al P. José Alfredo López Guillén, quien fue secuestrado en Michoacán el día 19 y hallado muerto cinco días más tarde.

Desde 2006, 28 sacerdotes han sido asesinados en el país; los estados de Veracruz, Guerrero y México se llevan los peores récords.

En febrero de este año, entrevistado por BBC, el P. Hugo Valdemar, portavoz de la Arquidiócesis de México, recordaba cómo, una década atrás, le preguntaban por qué el narco no atacaba a los sacerdotes.

“Es cuestión de tiempo –señalaba entonces–; va a llegar a un momento en que no se va a respetar a nadie, porque así es el mal, la mentalidad de los criminales. (…) Es preocupante, porque ya no vemos esos límites que antes tenía el crimen organizado de no tocar a los sacerdotes. No es una persecución religiosa, sino que más bien es una represalia cuando hay una oposición a sus fechorías”.

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