Una reflexión sobre la “Shoah” en la perspectiva del gran Jubileo

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Duración lectura: 4m. 40s.

La Santa Sede publica el documento sobre el holocausto judío
Roma. Admiración y desilusión han acompañado la publicación del documento de la Santa Sede sobre la Shoah, el exterminio de judíos llevado a cabo por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. A pesar de algunas polémicas iniciales, crece la conciencia de que se trata de un texto que incidirá profundamente en las relaciones entre cristianos y judíos.

Nosotros recordamos: una reflexión sobre la “Shoah” ha sido uno de los documentos de la Santa Sede que se han esperado con mayor interés y durante más tiempo. El tema, y los once años que han pasado desde que se anunció, provocaron que en el momento de su publicación hubieran cristalizado ya las más diversas expectativas sobre su contenido. De ahí que la gama de reacciones haya sido también muy variada.

No hay que olvidar, además, que durante este tiempo Juan Pablo II se ha referido en numerosas ocasiones a las relaciones con los judíos y al drama del Holocausto. Añadir algo nuevo a lo que ya ha dicho el Papa resulta difícil. Algunas de las ideas centrales de este documento, por ejemplo, están contenidas en el discurso que el Santo Padre dirigió a los participantes en el coloquio “Raíces del antijudaísmo en ambiente cristiano”, que se celebró en el Vaticano en otoño de 1997 (vid. servicio 154/97).

El documento fue presentado a la prensa el pasado 16 de marzo por el cardenal australiano Edward Cassidy, presidente de la Comisión para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo, organismo vaticano que ha elaborado el texto. Una muestra del interés informativo que despertó fue que la noticia ocupó las primeras páginas de los principales diarios de todo el mundo, y que algunos de ellos, como The New York Times o Le Figaro, reprodujeron además el texto completo.

Con el espíritu del Jubileo

El alcance y los objetivos de Nosotros recordamos… están apuntados en la breve carta que Juan Pablo II dirige al cardenal Cassidy, y que se publica a modo de prefacio del documento. El Papa enmarca esta iniciativa en el ámbito de la preparación del gran Jubileo del año 2000: “La alegría de un Jubileo es, sobre todo, una alegría fundada sobre el perdón de los pecados y sobre la reconciliación con Dios y con el prójimo”. Por esa razón, “la Iglesia anima a sus hijos a purificar sus corazones por medio del arrepentimiento por los errores e infidelidades del pasado. Los llama a ponerse humildemente delante de Dios y a examinarse sobre la responsabilidad que también ellos han tenido en los males de nuestro siglo”, entre los que figura la Shoah, “mancha imborrable en la historia del siglo que se está acabando”.

El Papa espera que la recepción de este documento sirva para “curar las heridas de las incomprensiones e injusticias del pasado”, y pueda ayudar a “construir un futuro en el que no sea ya posible la indecible iniquidad de la Shoah”.

Un balance negativo

En los primeros parágrafos del texto, que consta de 12 páginas en su versión original inglesa, se puntualiza que no pretende ser un estudio histórico o sociológico, sino una consideración moral, que tiene como telón de fondo la petición del Papa de llevar a cabo un examen de conciencia de fin de milenio (ver servicio 96/97). Este documento, además, no se presenta como la última palabra, sino como un paso adelante en las relaciones entre católicos y hebreos.

“Historiadores, sociólogos, filósofos de la política, psicólogos y teólogos intentan conocer más de cerca la realidad y las causas de la Shoah”. Pero “el hecho de que la Shoah haya tenido lugar en Europa, es decir, en países con una larga civilización cristiana, suscita la cuestión de la relación entre persecución nazi y las actitudes que los cristianos han tenido en relación con los hebreos durante los siglos”.

El documento ofrece una brevísima reseña histórica de las relaciones entre judíos y cristianos, cuyo balance define como “bastante negativo”. Las hostilidades comienzan en los primeros siglos del cristianismo. Algunos justificaron sus persecuciones con interpretaciones “erróneas e injustas del Nuevo Testamento”, que han sido total y definitivamente rechazadas por el Concilio Vaticano II. “A pesar de la predicación cristiana del amor hacia todos, incluidos los mismos enemigos, la mentalidad dominante a lo largo de los siglos ha penalizado a las minorías en cuanto que eran, de algún modo, diferentes”. Entre esas minorías estaban los judíos, a quienes se veía con sospecha y desconfianza.

A partir del siglo XIX se empezó a difundir en Europa un antijudaísmo que “era esencialmente más político que religioso”, al tiempo que se abrían paso teorías que negaban la unidad de la raza humana. En el siglo XX, el nacionalsocialismo usó esas ideas como base pseudo-científica para distinguir las razas arias de las demás; y acompañó su ideología con un nacionalismo extremo, que se vio favorecido por las humillantes condiciones impuestas a Alemania tras la derrota de 1918. El documento cita algunas de las iniciativas con las que la jerarquía católica alemana denunció el racismo y el nazismo desde el primer momento, hasta llegar a la encíclica Mit brennender Sorge, de Pío XI (1937) (servicio 154/97, pág. 4, recuadro “Para saber más”.

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