Situación actual del Opus Dei

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Duración lectura: 4m. 30s.

Reproducimos parte de una entrevista con Mons. Javier Echevarría, prelado del Opus Dei, publicada en ABC (Madrid, 5-XI-94).

– ¿Las críticas que algunos hacen al Opus Dei se deben a que esta institución es fiel al Evangelio, cuyo Fundador también fue criticado, o a que se separa del mismo? ¿Son todas injustificadas o pueden tener algo de razón?

– Yo deseo aprender de todos. A la vez, no puedo olvidar el plebiscito popular de cariño al fundador del Opus Dei que se plasmó en la plaza de San Pedro los días 17 y 18 de mayo de 1992, con motivo de su beatificación. Lo esencial para un cristiano es, en definitiva, ser fiel a la vocación que ha recibido de Dios.

Me encanta, por otra parte, la realidad profundamente evangélica de la corrección fraterna: esa advertencia hecha con toda confianza al hermano, a solas, o delante de otros, o públicamente en la Iglesia. El fundador del Opus Dei aborrecía las alabanzas, y explicaba con viveza que lo peor que puede suceder a un alma es recibir solamente elogios. En cambio, agradecía vivamente las correcciones. Le he visto aceptar, escuchar, acoger todas las sugerencias que provenían de personas rectas.

– ¿Cómo está la situación del Opus Dei en este momento? ¿Cuántos sacerdotes componen la Prelatura, cuántos fieles, en qué naciones están, y cuántos sacerdotes se integran en la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz?

– Resulta difícil resumir en números la universalidad que Dios ha querido para el Opus Dei: los fieles -sacerdotes y laicos- de la Prelatura trabajan en los cinco continentes, son personas que desempeñan profesiones variadísimas y pertenecen a todas las clases sociales.

Pero comprendo que interesan los datos, y por eso se actualizan en el Anuario Pontificio. En 1993, en números redondos, la Prelatura tenía un total de 78.000 fieles (51% de hombres y 49% de mujeres): de ellos, casi 1.500 eran sacerdotes, y el resto laicos. Por si es útil, se repartían así por el mundo: un millar en África; 4.000 en Asia y Oceanía; 27.000 en América; 46.000 en Europa.

– ¿En qué naciones nuevas está implantándose la Obra? Aparte de España, ¿en cuáles es más numerosa?

– Estos últimos meses hemos comenzado nuestro trabajo apostólico -con el establecimiento de centros de la Prelatura- en Lituania, en Israel, en la India. Actualmente, otros países en que la Prelatura está más desarrollada son Italia, México, Argentina, Estados Unidos y Filipinas.

– El ímpetu de algunas asociaciones de fieles -Comunión y Liberación, Focolarinos, Neocatecumenales- y su éxito apostólico y de difusión, ¿cómo es visto en el Opus Dei? ¿Qué colaboración existe con estos grandes “movimientos”?

– La colaboración más importante en la vida de la Iglesia, a todos los niveles, es la admiración y respeto ante los carismas diversos, que lleva a alegrarse sinceramente por el apostolado de los demás y a pedir para todos -en el Opus Dei lo oíamos repetir reiteradamente al beato Josemaría- gracia de Dios abundante y correspondencia a esa gracia. Esto es perfectamente compatible con que cada uno procure centrarse en su propio camino, siempre de acuerdo con lo establecido por las legítimas autoridades eclesiásticas, porque pueden ser muy distintas las exigencias personales, y la capacidad de acción apostólica, en una asociación o en un movimiento, en una parroquia o una diócesis o una prelatura. A mí me da mucha alegría toda luz que se enciende en el nombre de Cristo por obra del Espíritu Santo, que está siempre muy activo en la Iglesia. ¡Con qué fuerza comentaba monseñor Escrivá: no apaguéis ninguna luz que se encienda en nombre de Dios!

– Ustedes son conocidos por su fidelidad al Santo Padre, pero ¿es una fidelidad al Papa o a Juan Pablo II?

– Con palabra diferentes y en circunstancias distintas, otros periodistas hicieron preguntas semejantes al Fundador del Opus Dei, durante el pontificado de Pablo VI. Las respuestas están recogidas en Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, un libro aparecido en 1968 que continúa siendo muy útil para conocer a fondo en qué consiste y qué pretende el Opus Dei. Allí el Fundador alude a quienes alegan -con increíble ligereza- “que el Papa, cuando no habla ‘ex cathedra’, es un simple ‘doctor privado’ sujeto a error. Ya supone una arrogancia desmesurada juzgar que el Papa se equivoca, y ellos no”. El beato Josemaría concluía siempre con palabras parecidas a éstas: “Prefiero limitarme a obedecer al Papa”.

He sido testigo del intenso dolor de nuestro Fundador ante la muerte de Pío XII y Juan XXIII. Y aprendí a su lado a querer y rezar por el Papa que iba a venir, antes lógicamente de saber quién sería, desde el mismo día del fallecimiento de su antecesor. Don Álvaro del Portillo vivió ese mismo espíritu al morir Pablo VI y Juan Pablo I. Si no amásemos con toda el alma al sucesor de Pedro, sin acepción de personas, “sea quien sea” -porque esta frase no es cláusula de estilo-, no seríamos hijos fieles del Padre común de todos los católicos.

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