Recuperar la exigencia de la religión

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Duración lectura: 3m. 26s.

Un reportaje publicado recientemente en el New York Times analiza el resurgimiento de las doctrinas calvinistas entre el protestantismo norteamericano, sobre todo en la Convención Bautista del Sur, la denominación protestante con más miembros en Estados Unidos.

El fenómeno viene observándose desde años atrás. En marzo de 2009, la revista Time incluía al “neo-calvinismo” en su lista de “las 10 ideas que están cambiando el mundo”. Casi siempre que se hace referencia a este movimiento salen a relucir los nombres de algunos pastores que se han convertido en sus estrellas mediáticas, como John Piper o Mark Driscoll, ambos autores de best-sellers de temática religiosa. Aunque difieren en algunos puntos doctrinales, como por ejemplo la “doble predestinación” predicada por el calvinismo –y que Driscoll rechaza–, ambos están de acuerdo en lo que se ha convertido en la seña de identidad de este resurgir calvinista: la Biblia contiene toda la verdad y hay que entenderla en su sentido estrictamente religioso, no convertirla en un manual de auto ayuda o en la coartada para determinada concepción de la economía.

Los neo-calvinistas rechazan lo que denominan el “evangelio de la prosperidad”: la idea –muy unida al concepto del “sueño americano”– de que el bienestar económico es un indicador de la vida recta. En cambio, hablan mucho de cómo la condición pecadora del hombre lo sitúa en una situación de absoluta necesidad con respecto a la gracia de Dios. Esta doctrina es, pues, lo contrario al buenismo antropológico y a la obsesión por el “confort espiritual” que para los calvinistas se ha instalado en gran parte del protestantismo americano. Según algunos analistas, el auge del nuevo calvinismo tiene que ver precisamente con esta manera tan poco edulcorada de presentar la situación del ser humano respecto a Dios: solo si el hombre reconoce su miseria puede experimentar la gracia.

Como señala un artículo en The Christian Science Monitor, “en una época de materialismo y de religión a la carta, las inflexibles doctrinas calvinistas y el énfasis en la absoluta trascendencia y omnipotencia de Dios están atrayendo a muchos cristianos, particularmente a jóvenes”.

Menos acomodamiento cultural y más formación
Al contrario que el nuevo-calvinismo, el metodismo no deja de perder fieles en Estados Unidos. En una carta abierta publicada en un blog de inspiración cristiana protestante, un pastor metodista y profesor universitario emérito hace una serie de recomendaciones a un obispo de la misma confesión sobre cómo revertir la tendencia.

Las propuestas parten de un diagnóstico ciertamente negativo. Para Walter Benjamin, la cultura popular norteamericana se ha alejado definitivamente de la moralidad cristiana, por lo que, en primer lugar, urge la tarea de “inmunizarnos psicológica, moral y espiritualmente contra ella”. En cambio, explica, ha habido dentro del metodismo una tendencia a mimetizarse con algunas ideas secularistas, lo que ha provocado que el mensaje cristiano se desvirtuara. Uno de estos campos es la homosexualidad. Benjamin se muestra tajante: “para aquellos que señalan que deberíamos ‘ponernos al día’ en este tema, les recuerdo que la Iglesia debe ser un termostato, no un termómetro de la sociedad”, por lo que “nuestra Iglesia debería ser fiel a la norma bíblica del matrimonio heterosexual”.

Otras recomendaciones de Benjamin se centran en mejorar la “mediocre” formación que reciben los fieles y los que se preparan para ser pastores en los seminarios. Como ejemplo, compara la pobre catequesis de apenas unos meses que él mismo recibió para la confirmación con la de un amigo luterano, que duró tres años.

Por otro lado, Benjamin también critica que el metodismo se dedique a organizar cursos sobre “madurez espiritual” o “vida saludable para un mundo saludable”, relegando “la exigencia radical que Cristo hizo a sus discípulos para que tomaran su cruz y lo siguieran’. Según el pastor, este ablandamiento de la doctrina solo contribuye a desdibujar el evangelio y a la postre debilita al propio metodismo.