Primer obispo ordenado en Estonia tras la II Guerra Mundial

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Duración lectura: 2m. 41s.

Estonia, país báltico con solo unos 6.000 católicos, cuenta desde el 10 de septiembre con un obispo, el primero consagrado en el país desde la II Guerra Mundial. El nuevo obispo, Mons. Philippe Jourdan, de 45 años, sacerdote francés de la prelatura del Opus Dei, era vicario general de la administración apostólica de Estonia desde 1996.

Durante este tiempo ejerció también el cargo de párroco de la pequeña catedral de San Pedro y San Pablo de Tallin. Desde marzo de 2004, es vicepresidente del Consejo Estonio de Iglesias, órgano ecuménico en el que representa a la Iglesia católica desde 1997.

La ordenación episcopal tuvo lugar en Tallin el templo de San Olaf, cedido por la comunidad baptista, ya que la catedral católica es de dimensiones reducidas. El celebrante principal fue Mons. Peter Zurbriggen, nuncio apostólico para los países bálticos. Concelebraron con él el prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, y el arzobispo de Moscú, Mons. Tadeusz Kondrusiewicz. Además del presidente de la República y de varios ministros, asistieron a la celebración algunos cardenales y obispos provenientes de Rusia, Letonia, Lituania, Alemania y Estados Unidos, así como representantes de organizaciones alemanas, de la Iglesia greco-católica ucraniana y de la Conferencia Episcopal francesa.

Se trata de la segunda consagración episcopal en los últimos 500 años de historia de este país, donde la libertad religiosa estuvo muy limitada. Después de siglos de dominación danesa, sueca, alemana y rusa, Estonia logró la independencia en 1918. Tras haber sido anexionada a la fuerza a la Unión Soviética en 1940, recuperó la libertad en 1991, con la descomposición de la URSS. El anterior arzobispo católico residente en Estonia fue Mons. Eduard Profittlich, jesuita, martirizado en 1942 en un campo de concentración soviético.

Desde marzo de 1999 existe un acuerdo entre la Santa Sede y Estonia, que reconoce jurídicamente a la Iglesia católica y sus instituciones, así como la libertad para los nombramientos eclesiásticos, la presencia de sacerdotes extranjeros, la enseñanza escolar de la religión católica, la validez civil del matrimonio canónico, etc.

En una única diócesis, la comunidad católica está formada por 5.745 fieles, con 9 sacerdotes diocesanos, 5 sacerdotes religiosos, otros 5 religiosos y 21 religiosas. Aunque la comunidad católica en Estonia es todavía pequeña -representa el 0,42% de una población de 1.370.000 de habitantes-, en los últimos años ha crecido el prestigio de los católicos. La sociedad civil admira y respeta la presencia de católicos eminentes en la vida cultural, social y política del país.

Las relaciones con las demás confesiones religiosas en Estonia -la luterana, mayoritaria, y la ortodoxa- son de respetuosa estima. Ambas Iglesias mantienen contactos regulares con los exponentes eclesiásticos y laicos de la Iglesia católica. Además, por razones culturales, existe una gran convergencia en el lenguaje teológico y litúrgico de unos y otros; esto beneficia el diálogo ecuménico. Las relaciones entre las tres confesiones se estrecharon sobre todo a partir de septiembre de 1993, con motivo de la visita de Juan Pablo II a Lituania, Estonia y Letonia.