Obama seguirá contando con organizaciones religiosas en la asistencia social

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Duración lectura: 3m. 45s.

Barack Obama ha dado a conocer recientemente la nueva cara de la White House Office on Faith-Based and Neighborhood Partnerships, una dependencia creada en la primera administración de George Bush para articular las relaciones entre el gobierno federal y las obras sociales vinculadas a organizaciones religiosas (cfr. Aceprensa 7-02-2001 y 16-03-2005). Frente a las expectativas de los más radicales, la realidad es que ni el presidente ni la sociedad norteamericana están por dividirse en torno a este asunto.

Precisamente durante el Desayuno Nacional de Oración -el tradicional evento con líderes religiosos en el que desde hace décadas participa el presidente el primer jueves de febrero-, Obama reconoció que su fe cristiana, en la que ha profundizado tardíamente, deriva de haber trabajado “mes tras mes con gente de la iglesia que quería ayudar a sus vecinos, sin importar de dónde fueran, qué aspecto tenían o a quién rezaban”.

La nueva Oficina cuenta con un consejo consultivo integrado por miembros de organizaciones seculares y religiosas, y su dirección ejecutiva ha sido otorgada a Joshua DuBois, un joven de 26 años que fue pastor pentecostal y que asesoró a Obama en asuntos religiosos durante su trabajo como senador y en la campaña presidencial. Los partidarios del presidente que esperaban medidas más drásticas contra el organismo han quedado defraudados por este apuntalamiento de su composición.

El rabino David Saperstein, uno de los 25 miembros del consejo consultivo y que mantuvo una actitud crítica hacia el funcionamiento de la Oficina en tiempos de Bush, señaló que Obama buscará mantener una posición equilibrada de acuerdo a la Constitución y a las leyes. Cuatro prioridades orientan los temas de que se ocupará la oficina: buscar la colaboración de grupos comunitarios y religiosos en trabajos de recuperación económica, la reducción del aborto, el estímulo de la paternidad responsable y la mejora de las relaciones interreligiosas, incluyendo el mundo musulmán.

Ante el descontento de las expectativas radicales que mantenían algunos grupos de izquierda, Fred Davie, otro miembro del nuevo consejo que ha liderado una ONG en Nueva York y que ha declarado abiertamente su homosexualidad, señaló que es necesario “ser lo bastante realistas como para reconocer el modo en el que la religión está integrada en la vida y la cultura americanas, especialmente en lo que se refiere a los más desfavorecidos. Las instituciones religiosas son un gran activo en ese campo”.

Ya en la era de Bush, las reglas del juego para la financiación pública de estas actividades de organizaciones religiosas eran claras: las organizaciones no pueden utilizar los fondos públicos para actividades “inherentemente religiosas”, como celebraciones de culto o clases de religión, ni pueden discriminar por razones de fe a ningún posible beneficiario del programa asistencial. Todo esto seguirá también vigente ahora.

¿Ambivalente?

Al valorar las medidas de Obama sobre esta Oficina, los titulares de la prensa han revelado muy bien quiénes los redactan: así, por ejemplo, los hay que destacan que el presidente admitió, durante su discurso del Desayuno Nacional de Oración, que “la fe ha sido a menudo divisoria, causante de guerras y prejuicios”. Pero lo cierto es que el líder estadounidense insistió en que “no existe ninguna religión cuyo principio sea el odio”, y afirmó que “no existe un Dios que apruebe quitar la vida a un ser humano inocente”.

En cambio, a la hora de informar al lector español sobre esta noticia, El País asegura en titulares: “La ayuda de EE.UU. se vuelve laica”, cuando se trata precisamente de canalizar una ayuda por organizaciones religiosas. E insiste en el subtítulo: “El Estado destinará dinero a las obras sociales libres de sellos religiosos”, con el desenfoque habitual de pretender explicar la política de EE.UU. con moldes de la izquierda europea.

Por su parte, el analista de la Associated Press, Eric Gorkski, considera que los primeros movimientos de Obama indican que “los dos partidos piensan que la religión debe ser un factor significativo en la configuración de la política”.

En declaraciones a The Washington Post, Robert George, profesor de Política en Princeton, ha advertido que la neutralidad procurada por Obama no siempre favorece “un debate sobre difíciles cuestiones morales entre personas de buena voluntad”, y sostiene que “tomar postura no es dividir, sino ser serios moralmente”.