Mártires españoles por la fe, no por la política

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Ante la beatificación de 498 mártires del siglo XX en España, el próximo domingo 28 de octubre en Roma, el secretario general de la Conferencia Episcopal Española, padre Juan Antonio Martínez Camino, explica en una entrevista concedida a la agencia Veritas la importancia religiosa de este acontecimiento.

 Se acerca la beatificación de 498 mártires del siglo XX en España ¿cómo se viven estos úl timos días de preparación?

P. Martínez Camino. Faltan cinco días para la ceremonia de beatificación y ya está prácticamente todo encarrilado. Esperamos una asistencia nutrida de fieles de España, y también de Roma e Italia. También van muchas autoridades locales, representantes de la distintas Autonomías, una representación institucional del Gobierno; pero lo más importante es que se trata de una fiesta de la fe.

Una fiesta para recordar a los mártires, a quienes la Iglesia reconoce que han vivido heroicamente su muerte como testigos del Evangelio y de la fidelidad a Jesucristo y a la Iglesia. Esto se está viviendo con mucha alegría en todas las comunidades cristianas de España, donde se está notando un gran interés y entusiasmo por la Beatificación de Roma y por lo que va a venir después; porque a p artir de ahora, el Santoral español queda enriquecido con casi 500 nuevos beatos, y esto es un caudal de santidad, de potencia intercesora, de potencia ejemplarizadora, de modelos para vivir la fe la esperanza y la caridad. (…)

 ¿Qué destacaría de las biografías de los mártires?

Lo que más llama la atención en la biografía de los mártires es esa mezcla de fortaleza, y al mismo tiempo de humildad con la que los mártires asumieron esta situación trágica de tener que optar entre su vida o su fidelidad a Dios y a la Iglesia, sin echarse atrás (por supuesto en estos mártires, pero tampoco se conocen casos de defecciones).

La fortaleza es lo primero que llama la atención, pero también la humildad, la alegría y la sencillez con que afrontaron esta situación, que era dramática, pero que ellos afrontaron con la alegría de la fe, cantando en los camiones que los llevaban a fusilar, apoyándose con la oración y con las palabras en la cárcel, escribiendo desde la cárcel a sus familiares horas antes de ser asesinados (algunas de estas cartas se van a leer en San Pablo y en San Pedro), dejando sobre todo su testimonio de perdón y de serenidad a sus familiares, en algunos casos a la novia.

Esto llama la atención de ellos, la fortaleza de su fe, la alegría de su esperanza y el calor de la caridad vivida en aquellos momentos, es decir, la vida cristiana vivida en manera plena.

 Tratándose de un acto con tanta fuerza religiosa, ¿qué diría a quiénes hacen una lectura política de la Beatificación?

No nos extraña que haya lecturas políticas equivocadas, siempre se equivocaron quienes hicieron una lectura puramente política de un hecho netamente religioso. Pero es la ley de la historia. A los mártires de la primera época del Cristianismo, que daban su vida por Cristo, se les clasificaba como traidores a Roma; y a los mártires de la Revolución Francesa se les clasificaba como traidores a la Revolución; y a los mártires del sigo XX en Rusia, centro Europa o España, como gente que dificultaba el avance de la historia.

Esto pertenece a la historia de la Iglesia, no nos extrañe, es doloroso, es triste, pero pertenece al martirio: a la muerte injusta, por Cristo, va unida la difamación y la ignominia. Como dijo Juan Pablo II en la celebración de los mártires en el Coliseo, en el año 2000, que al martirio, va normalmente unida la ignominia.

Decir que a los que ahora beatifica la Iglesia eran de un bando político es desconocer la historia, no comprender el hecho religioso y no hacer justicia a los hechos. A los cristianos nos duele esta desfiguración de los hechos, pero no nos extraña, y en ese sentido, lo aceptamos con serenidad.

 ¿Cree que hace falta cierta pedagogía para que se cale en el sentido religioso del acto?

— Es lamentablemente inevitable que lleguen algunos mensajes que están dando una visión distorsionada de los hechos. Ya he dicho que nunca ha habido un martirio de la Iglesia reconocido por todos, tampoco lo pretendemos, lo deseamos, pero no pretendemos que todos reconozcan a los mártires como lo que son, lo deseamos, pero sabemos que es difícil, por no decir imposible.

De todas maneras se están haciendo todos los esfuerzos posibles para explicar la diferencia entre un mártir y una persona injustamente asesinada. Ha habido muchos asesinados durante el siglo XX en España, durante los años 30, antes, durante y después de la Guerra Civil.

La Conferencia Episcopal en «La fidelidad de Dios dura siempre. Mirada de fe al siglo XX», publicada en noviembre de 1999, lamenta que haya habido en el siglo XX, y concretamente en España en los años 30, tantos conciudadanos nuestros asesinados injustamente y ha declarado que la sangre de todos ellos sigue clamando al cielo por el perdón y por la reconciliación, para que no se empleen jamás métodos de violencia. Esta petición de perdón a Dios por todos los asesinatos, sean del bando que sea, está muy claramente expresada. Se pide perdón a Dios por todas las “acciones que el Evangelio reprueba”, cometidas en uno u otro de los bandos trazados por la guerra.

Aparte de tantas personas injustamente asesinadas, hay algunas que lo fueron de manera expresa y específicamente porque no quisieron renunciar a la fe y a la fidelidad a Jesucristo y a la Iglesia, y éstos son los mártires.

La Iglesia lamenta, los obispos han lamentado muchas veces todos los asesinados, pero no puede dejar de honrar a los mártires en cuanto mártires, en cuanto testigos de la fe. Y estos testigos de la fe no lo son porque hayan estado o no adscritos a un partido político o a un bando en lucha, sino simplemente han muerto por la fe, y serán reconocidos todos los que hayan muerto por la fe, sean del bando que sean.

— En España se ha oído decir que la Iglesia busca la división con esta beatificación…

— Decir que la Iglesia busca la división es de entrada difícilmente aceptable, porque la Iglesia no busca la división con nada, otra cosa es que determinadas acciones de la Iglesia causen división, pero la Iglesia no busca división con nada.

La Iglesia busca anunciar el Evangelio, y con la beatificación de los mártires busca reconocer un testimonio de cristianismo vivido de modo heroico, al cien por cien, y esa fe vivida es origen de humanidad, de reconciliación, de bondad, de perdón… y todo lo que no vaya en esta línea, no es lo que la Iglesia quiere. La Iglesia no quiere el enfrentamiento, no quiere la división, quiere la unidad, reza por la unidad, reza por la reconciliación, reza por el perdón, y propone testigos de ellos.

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