Las sectas vistas por los sociólogos

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Henri Tincq informa en Le Monde (9-II-96) de un coloquio universitario sobre las sectas. El informe Guyard al que se refiere ha sido la base para un debate parlamentario sobre el problema en Francia.

El coloquio de la Asociación francesa de sociología de las religiones, celebrado el 5 y el 6 de febrero en París, se ha convertido en una requisitoria contra el informe Guyard. Dicho informe ha sido acusado de alimentar un prejuicio antisectas y de ignorar todos los trabajos universitarios y científicos sobre el tema para no atender más que a las investigaciones policiales y a los análisis de las asociaciones especializadas en la lucha contra los grupos religiosos minoritarios.

“¿Por qué las mismas prácticas agresivas de marketing se consideran lícitas en el campo comercial e ilícitas en el campo de lo simbólico?”, ha preguntado, por ejemplo, Jean Baubérot, historiador del protestantismo, director en el CNRS y en la Escuela Práctica de Altos Estudios. (…)

Dos lógicas chocan a la hora de tratar la cuestión de las sectas. En primer lugar, la lógica militante: es principalmente la de las asociaciones antisectas, que manifiestan a veces el mismo sectarismo que pretenden combatir, con el riesgo de crear un clima de caza de brujas. Según los especialistas universitarios, esta lógica se une cada vez más a la de los medios de comunicación, que se apoyan en la legítima inquietud suscitada en la opinión pública por los casos de reclutamiento de menores o por los suicidios colectivos. Pero este enfoque se basa en análisis muy reductivos y conduce a conclusiones peligrosamente perentorias (“Hay que prohibir las sectas”).

A esta lógica militante, que sería la del informe Guyard, los sociólogos de la religión oponen una lógica de la neutralidad, en nombre de las grandes libertades de conciencia, de religión, de culto y de expresión. Esta lógica les lleva, por ejemplo, a no emplear la palabra “secta” y a hablar de “grupos religiosos minoritarios”. Ellos no creen en términos abusivos como el de “lavado de cerebro” y estiman que la satanización actual de supuestas sectas corre el riesgo de llevar a su marginación social y a una agravación de los males que se les reprochan.

A diferencia de los medios de comunicación, los investigadores disponen de perspectiva histórica para examinar los hechos, establecer comparaciones, intercambiar datos. Así, no es inútil recordar que el Ejército de Salvación, que hoy día es una honorable asociación benéfica, candidata al premio Nobel de la paz, fue objeto, en el siglo pasado, de las más violentas campañas, del tipo de las que actualmente se desarrollan contra grupos sectarios.

(…) Aunque no hay que tener ninguna complacencia con las sectas peligrosas, el estigma social de que son objeto los grupos religiosos muy minoritarios, víctimas de la amalgama, ¿no corre el riesgo de atentar contra libertades esenciales?

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