Las elecciones egipcias confirmaron la discriminación de los cristianos

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En las últimas elecciones legislativas de Egipto, el pasado diciembre, no había ningún cristiano copto entre los 439 candidatos del partido gobernante, el Partido Nacionalista Democrático (PND).

Tal ausencia no se explica tanto por ser minoría en una población musulmana, como porque esa minoría está marginada. El gobierno calcula -son los datos menos favorables y tal vez los más certeros- que los cristianos coptos -ortodoxos, católicos y protestantes- constituyen el 6,5% de la población. En cambio, las autoridades ortodoxas piensan que la proporción es un 15%. Los coptos están pagando las consecuencias de la reislamización de la sociedad egipcia. El terrorismo integrista ha matado a una treintena de coptos ortodoxos. Y aunque el presidente Hosni Mubarak combata a los fundamentalistas islámicos, no quiere ofenderlos nombrando a coptos.

La discriminación hacia los coptos se manifiesta también en la escasa libertad de culto, pues en Egipto los cristianos no pueden construir o reparar una iglesia sin la autorización previa del jefe de Estado. Hasta ahora Mubarak apenas ha concedido licencias, debido a la presión de grupos fundamentalistas musulmanes. Así que muchos templos continúan prácticamente en ruinas y algunas ciudades donde viven muchos cristianos ni siquiera cuentan con uno solo. Por ejemplo, en Mokkatum, ciudad satélite de El Cairo reconstruida tras el terremoto de 1992, viven unas 50.000 familias, de las que 20.000 son cristianas. Allí hay varias mezquitas, pero ninguna iglesia.

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