La Santa Sede continúa la política de “pequeños pasos” con el gobierno de Vietnam

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Duración lectura: 3m. 53s.

La visita de cinco días que una delegación de la Santa Sede llevó a cabo a Vietnam ha puesto en primer plano la situación de la minoría católica de ese país, uno de los pocos de régimen político comunista. El Vaticano no mantiene relaciones diplomáticas con Vietnam, pero hace diez años se iniciaron encuentros periódicos bilaterales con el fin de favorecer el diálogo Iglesia-Estado.

El viaje concluyó con el visto bueno del gobierno para el nombramiento del obispo de Thanh Hoa, vacante desde hace dos años. Pero todavía abundan los problemas para los católicos vietnamitas, que son el 8% de los ochenta millones de habitantes. Mientras la Constitución reconoce teóricamente la libertad religiosa, un decreto de 1999 establece penas severas para cuantos usen la “religión para minar la unidad del Estado”, una definición abierta a interpretaciones arbitrarias.

De hecho, las actividades religiosas están sometidas a numerosas restricciones. Además de intervenir en el nombramiento de obispos -lo que provoca que existan todavía varias diócesis con obispos muy ancianos- y en el de los párrocos, el gobierno establece un “numerus clausus” para el ingreso en los seis seminarios autorizados: se permiten sólo diez candidatos por diócesis cada dos años. Los seminaristas tienen que superar antes un examen de indoctrinación marxista que certifique su “fidelidad al Estado” y las homilías están sometidas a censura previa.

El viaje de la delegación vaticana, concordado desde hace tiempo, se desarrolló del 27 de abril al 2 de mayo, precisamente apenas quince días después de la violenta represión con la que el régimen disolvió una manifestación popular de las tribus conocidas como los montagnards. Se trata de las poblaciones autóctonas que habitan la meseta central colindante con Camboya y Laos, que pedían la devolución de las tierras confiscadas por el gobierno, la libertad religiosa y medidas concretas para promover el desarrollo en la región.

La delegación no pudo entrevistarse con los montagnards, como se había solicitado ya hace dos años; solo le fue permitida una “visita pastoral” al obispo de la zona. Los montagnards, en gran parte cristianos, están considerados por el gobierno como enemigos y separatistas. Durante la guerra de Vietnam (1963-75) rechazaron el comunismo como medio para defender sus tierras y su fe y crear un Estado autónomo. La represión contra estas poblaciones autóctonas, que en 1970 ascendían a más de dos millones y medio de personas, ha sido denunciada por organizaciones humanitarias, pero -a diferencia de otras minorías étnicas- su situación es pocas veces objeto del interés de la opinión pública internacional.

Enseñanza vedada

Los cambios que poco a poco se van dado cambios en la situación de la Iglesia bajo el régimen comunista han sido explicados por Mons. Pahm Minh Man, arzobispo de Ho Chi Minh, en una entrevista concedida a Newsweek (5 abril 2004). Mons. Minh, que fue nombrado cardenal por Juan Pablo II en septiembre del año pasado, expone que la actividad de la Iglesia está sometida a un estricto control administrativo: “Los estudiantes no pueden entrar en el seminario sin permiso del gobierno. En el mío hay cerca de 25 candidatos cada año. Y todos los años el gobierno rechaza a unos cinco para demostrar su control. Ahora hay en la diócesis 250 seminaristas. Y podemos enviar sacerdotes a estudiar en Estados Unidos, Europa y otros países asiáticos”.

El periodista le pregunta si resulta difícil encontrar hombres dispuestos a vivir el celibato sacerdotal. “Hay muchos budistas en la sociedad vietnamita, y sus monjes y monjas son célibes. Esto ayuda también a mantener nuestro celibato sacerdotal”, aclara Mons. Minh. “El celibato no es un problema cuando las familias son creyentes. Cuando hay muchas familias con convicciones religiosas, la sociedad también lo es”.

La enseñanza está completamente vedada a las instituciones religiosas, a diferencia de otras organizaciones privadas que pueden abrir colegios y universidades. Mons. Minh recuerda que “en 1975 el gobierno se incautó del seminario menor para chicos de secundaria, pero el año pasado pedí que lo restituyeran, y lo hicieron.” La Iglesia ha dicho al gobierno que quiere prestar mayores servicios sociales. “Por ejemplo, cuidar a enfermos. El gobierno no puede hacerlo todo solo. Existe ya un proyecto para la construcción de un hospital, que cuenta con 200 médicos y el apoyo financiero de empresarios católicos, y al que también quieren contribuir vietnamitas emigrados”.