La invitación del Papa a Cuba hace esperar mayor libertad religiosa

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La autorización para que entren en Cuba 34 sacerdotes y religiosos ha sido el primer gesto de buena voluntad de Fidel Castro tras la entrevista con Juan Pablo II el 19 de noviembre. En la audiencia el Papa aceptó la invitación para visitar Cuba en 1997. Será el primer viaje del Papa a la isla.

Aun así, falta bastante para que las libertades -no sólo la religiosa- sean reconocidas. Desde la revolución de 1959, pasaron más de dos décadas hasta que Castro empezó a dialogar con la jeraquía católica. En 1986 Castro autorizó la celebración del primer encuentro nacional de católicos. El régimen permitió imprimir textos sobre espiritualidad y que sacerdotes o religiosos atendiesen a enfermos hospitalizados. Entretanto aumentaban los bautismos y la práctica religiosa. Pero en 1989, tras la caída del muro y la previsible crisis económica, Castro dio marcha atrás. En 1991 se suspende el proyectado viaje papal.

En cambio, en 1992 el Estado abandona el ateísmo oficial y se declara laico por una reforma de la Constitución. Ese año el Card. Roger Etchegaray visita la isla y el gobierno permite que se establezca Cáritas. En septiembre de 1993 los obispos publican una carta pastoral, que denota una postura pública mucho más combativa contra el régimen. En ella critican la imposición de la ideología oficial y los límites que pone el gobierno a las libertades (ver servicio 119/93). Castro, cada vez más aislado diplomáticamente, ha procurado mejorar sus relaciones con la Iglesia. Esta distribuye a través de Cáritas sustanciosas ayudas extranjeras.

Junto a las críticas al régimen, los obispos no han dejado de rechazar el embargo estadounidense contra la isla. Con motivo de la visita de Castro al Papa, el arzobispo de La Habana y presidente de la Conferencia Episcopal de Cuba, Jaime Ortega, ha pedido en un escrito “a los líderes de aquellas naciones cuyos intereses históricos, económicos o humanitarios las vinculan a Cuba” a que busquen “en el diálogo la solución de los conflictos existentes”.

Sobre la práctica de la religión, el secretario adjunto de la Conferencia Episcopal, José Félix Pérez, afirma que 200.000 personas van a misa todos los domingos. La población total de Cuba es de 11 millones. Pero hace un año el propio secretario declaraba que no dan abasto con las peticiones de gente que quiere conocer el Evangelio y recibir los sacramentos. Un documento del partido comunista sugería también que la práctica religiosa es creciente (ver servicio 136/96). Según Le Monde (20-XI-96), en los últimos años el número de bautismos se ha quintuplicado y el 70% de las familias cubanas piden funerales religiosos para sus difuntos, un porcentaje comparable al anterior a la revolución. Este resurgir religioso se advierte también entre los jóvenes, y cada vez más gente va perdiendo el miedo a declararse católica. Aunque no faltan las deformaciones de las prácticas religiosas, e ignorancia de la doctrina cristiana.

Uno de los problemas de la Iglesia es que sólo cuenta con 220 sacerdotes, y con dos seminarios (Santiago y La Habana), cuya cifra de seminaristas es limitada por el gobierno (en el de La Habana se preparan 60). También hay 400 religiosos, la mayoría monjas. Tras la visita a Cuba el pasado octubre del responsable de Relaciones Exteriores del Vaticano, Mons. Jean Louis Tauran, el gobierno dio el visado de entrada a seis sacerdotes y monjas. Otros gestos que apreciaría la Iglesia serían que el gobierno decretase festivo el día de Navidad y que se dictase una amnistía para los presos políticos, temas que tal vez hayan abordado Castro y el Papa durante su entrevista en Roma.

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