La guerra deja sin católicos a Chechenia

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Saratov. Unos la consideran un elemento subversivo, mientras otros se sirven de ella para alcanzar la autonomía nacional: la religión es un punto clave en el conflicto de Chechenia, que ya ha causado miles de muertes y el éxodo de unas 170.000 personas. Rusia demoniza la resistencia de los separatistas chechenos atribuyéndola a musulmanes fanáticos. Por su parte, los independentistas enarbolan la bandera del Estado islámico para reforzar su identidad nacional. La trágica ironía es que el pueblo no desea esta guerra, alentada por fanáticos de uno y otro lado. Como consecuencia, las minorías religiosas se encuentran rodeadas del odio de los extremistas y son víctimas de la violencia. Esta es también la situación que padece el pequeño grupo de católicos del Cáucaso septentrional.

En Grozny, capital de Chechenia, en gran parte en ruinas por los bombardeos de las últimas semanas, la vida católica ya sufrió un duro golpe a raíz de la primera guerra, hace cuatro años. La iglesia parroquial de Grozny, totalmente destruida entonces, no ha sido reconstruida. Según Michael Screene, vicario general de este episcopado católico de la Rusia meridional, con sede en Saratov, que lleva muchos años de párroco en Chechenia, las pocas familias católicas que aún permanecían en Grozny han huido de la ciudad para refugiarse en el interior de Rusia o en las repúblicas vecinas. Antes de Stalin, dice este sacerdote de origen escocés, en Grozny y sus alrededores vivían entre 3.000 y 4.000 católicos, y su influencia se hacía notar en la ciudad. Esos fieles eran alemanes, polacos y de otras procedencias.

Bronislaw Czaplicki, sacerdote encargado de varias parroquias del norte del Cáucaso, explica que la represión que sufrieron los católicos en el pasado no se debía tanto a su fe cuanto a que pertenecían a minorías nacionales y culturales. Tras la primera guerra de Chechenia, muchos fueron víctimas de una creciente criminalidad, en especial de saqueos a manos de soldados y ex prisioneros. Carentes de toda protección por parte de las autoridades, se vieron obligados a abandonar el país.

Los católicos de Vladikavzak, en la vecina república de Ingushetia, están organizando un plan de ayuda a los refugiados. Lo mismo se está haciendo en las parroquias de Prohladnyi y de Naltschik, en otra república limítrofe, la de Kabardino Balkarskaya. Según Screene, muchos refugiados han sido acogidos por parientes o amigos -o católicos que no lo son- que les proveen de lo más necesario. El vicario general subraya que la prolongación de la guerra aumentará el flujo de refugiados y que, en cuanto las personas aún encerradas en Grozny puedan salir, habrá que ocuparse, de un día para otro, de miles de refugiados más. Screene añade que él no puede hacer nada en estos momentos, porque le impiden entrar en Grozny por ser sacerdote. Y señala que la Iglesia del norte del Cáucaso ya no puede sobrevivir sin apoyo del exterior. Ayuda a la Iglesia Necesitada ha enviado recientemente 17.000 dólares a las parroquias que se ocupan de los refugiados chechenos.

Johannes Mehlitz (Ayuda a la Iglesia Necesitada)

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