Juan Pablo II está lleno de proyectos

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Duración lectura: 4m. 28s.

En una entrevista de Pilar Urbano para el semanario Época (Madrid, 27-VI-94), Joaquín Navarro-Valls, portavoz de la Santa Sede, subraya el optimismo y la abundancia de planes para el futuro que muestra Juan Pablo II.

– ¿Cómo está el Papa?

– Yo le daré unos datos, y usted juzgue por su cuenta. Primero: el Papa desarrolla una actividad diaria de 16 a 17 horas. A eso hay que añadir, ahora, dos medias horas de ejercicio físico, caminando, en la terraza de su apartamento. Sólo hay un break, de 20 minutos de reposo, después de comer. Por supuesto, desayuno, almuerzo y cena son siempre de trabajo, y nunca a solas. Segundo: no usa gafas o lentillas, ni para leer ni para lejos. Tercero: sus únicas vacaciones son ocho días al año. Se va al monte y hace ejercicio. Cuando en verano se traslada a Castelgandolfo, todo el régimen de audiencias, visitas y despachos continúa igual. Cambia de escenario, pero no de actividad. Cuarto: no tiene ningún régimen especial de comida. Le he visto hacer fuertes ayunos durante la cuaresma, eliminando la carne, el pescado, los dulces… Y, pese a la escasa nutrición, sigue trabajando al ritmo de siempre. Quinto: su presión arterial es inferior a la media para una persona de 74 años. El Papa suele tener una tensión de 13,5 y 9. Rara vez padece insomnio. Duerme muy bien. Se acuesta a las 11.15 y se levanta a las 5.30.

(…) Yo no le veo ninguno de los rasgos clásicos del hombre enfermo, ni siquiera del hombre anciano. Un anciano vive de recuerdos. Juan Pablo II está lleno de proyectos, con los ojos y la mente puestos en el año 2000. (…)

– ¿Por qué Juan Pablo II tiene tanta “pegada”?; ¿por qué “da” tan bien en la TV?; ¿es explicable eso por su afición juvenil al teatro?

– Ese tema se lo planteó también John Corry, el crítico de TV del New York Times. Analizó que el Papa, formalmente, va contra cualquier canon televisivo: lee unos folios; no tiene el teleprompter, que le permitiría “fingir” que no lee; no gesticula; no improvisa; usa idiomas que no son el suyo; tiene que moverse despacio, siguiendo una liturgia muy marcada, que no admite improvisaciones ni novedades; lleva ropajes engorrosos… Para Corry su éxito radica en esto: 1.º, Juan Pablo II ignora completamente el medio. 2.º, se ignora a sí mismo. 3.º, transmite sensación de autenticidad.

En mi opinión, la “fórmula de éxito” de este Papa es que cree al cien por cien lo que está diciendo. Le interesa llegar a la gente y persuadirles, sí, porque es un apóstol; pero no está pendiente del eco de su mensaje: no es un hombre que está pidiendo el voto. En su actuación no hay teatro, no hay ficción (…) porque su “yo” íntimo, su centro interior, y su “yo” que actúa ante el público, coinciden: no hay fisuras, ni distonía, ni tensión. El Papa no se extraña de sí mismo jamás, cuando está ante las masas. No desea hacer otra cosa distinta de la que está haciendo. Todo su ser se entrega a aquello en lo que está. Hay una frase de Hamlet, que al Papa le gusta mucho, cuando la reina dice a su hijo: “Hamlet, parece que estás triste”, y Hamlet responde: “¿Parece? Yo no sé parecer”. Juan Pablo II no sabe parecer. (…)

– ¿Cómo es el carácter del Papa?

– Alegre. Optimista. No es un gestor de crisis. No se deja llevar por el problema: él sienta las prioridades. No es derrotista. (…) Hace cinco años, estábamos en Bangladesh, un país paupérrimo, con 110 millones de habitantes, y un puñadito de católicos, los pobres más pobres, los parias más parias, una ínfima minoría, machacada por los musulmanes. ¿De qué cree usted que les habló? No les predicó una ascética de supervivencia, un “haced lo que podáis, aguantad”. No, les planteó un horizonte ambicioso: “¿Que sois muy pocos? ¡Haced proselitismo!”. No, el Papa no se deja arrastrar por el problema: hemos hecho diez viajes a África, un pueblo cuya más larga historia de cristianismo no llega a un siglo, y con unas minorías católicas del 4 ó del 5 por ciento, cuando más. Pues bien, les dice ¡que sean un pueblo misionero: que envíen misioneros a otros países! El cristianismo es lo opuesto al “refugio de los impotentes” de Nietzsche. (…)

– Hábleme de la soledad del Papa.

– Karol Wojtyla no tiene familia desde los veinte años. Alguien le preguntó una vez si se sentía solo. Contestó que no, que nunca. El Papa se ignora a sí mismo. Prescinde de sí mismo. Se ha identificado del todo con su misión. Y en esa misión siempre está tan rodeado de gente, con tanto trabajo, que no le da tiempo a sentir la soledad. Sobre todo: está muy “con” Dios. Además, es la persona más sobria que he conocido en mi vida. No necesita nada: ni cigarrillos, ni refrescos, ni discos, ni una determinada colonia, ni un jersey, ni bolígrafos. Escribe con lo que haya y donde sea, sea en un avión, debajo de un árbol…

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