Francisco en Kenia destaca el valor de la tradición africana

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Duración lectura: 6m. 19s.

En Narobi (Kenia), primera etapa del viaje apostólico a África, el Papa Francisco ha subrayado la relación entre la protección de la naturaleza y la construcción de un orden social justo. “No puede haber una renovación de nuestra relación con la naturaleza, sin una renovación de la humanidad misma”, dijo en su primer discurso, evocando el mensaje de su encíclica Laudato si’. También ha señalado la importancia del diálogo interreligioso como “algo que nuestro mundo, herido por conflictos y divisiones, necesita cada vez más”.

Desde su llegada al aeropuerto de Nairobi, el 25 de noviembre por la tarde, Francisco no ha dejado de mostrar su cercanía con el pueblo de Kenia a través de gestos visibles. Así, poco después de llegar a la Casa Presidencial de Nairobi, el Papa –siguiendo una tradición típica entre los jóvenes keniatas– plantó un olivo en el jardín de la casa, como “signo elocuente de esperanza en el futuro y la confianza en que Dios acompaña su crecimiento”.

“El diálogo ecuménico e interreligioso es algo que nuestro mundo, herido por conflictos y divisiones, necesita cada vez más”

Una nación de jóvenes

Tras las palabras de bienvenida por parte del Presidente Uhuru Kenyatta, el Papa Francisco dirigió un discurso a las autoridades civiles y el cuerpo diplomático, donde habló de Kenia como “una nación de jóvenes” y como “una sociedad de gran diversidad, que desempeña un papel significativo en la región”. Los jóvenes son el gran regalo de África para el mundo, por lo que Francisco invitó a las autoridades a “protegerlos, invertir en ellos y tenderles una mano”, dándoles en herencia “los valores espirituales apreciados por sus mayores, valores que son el corazón y el alma de un pueblo”.

La llamada del Papa a los jóvenes africanos cobró especial fuerza al día siguiente, durante la misa celebrada en el campus de la Universidad de Nairobi. Allí Francisco reiteró su invitación a custodiar con generosidad “los grandes valores de la tradición africana”, en consonancia con “la sabiduría y la verdad de la Palabra de Dios”, para “construir una sociedad que sea cada vez más justa, inclusiva y respetuosa de la dignidad humana. Preocúpense de las necesidades de los pobres, rechacen todo prejuicio y discriminación, porque –lo sabemos– todas estas cosas no son de Dios”.

Pero el mensaje de Francisco en Kenia no solo se dirigió a los jóvenes, sino a todas las generaciones, estrechamente unidas por medio de las familias. Así, el reciente Sínodo sobre la familia también ha tenido un eco especial en las palabras del pontífice: “Las familias cristianas tienen esta misión especial: irradiar el amor de Dios y difundir las aguas vivificantes de su Espíritu. Esto tiene hoy una importancia especial, cuando vemos el avance de nuevos desiertos creados por la cultura del egoísmo y de la indiferencia hacia los demás”.

La belleza de la naturaleza, belleza de la humanidad

A falta de pocos días para que se inaugure en París la conferencia internacional sobre el cambio climático (COP21), el Papa ha destacado en sus diferentes alocuciones el necesario cuidado el medio ambiente, fruto de la “tendencia a concebir el planeta como patria y la humanidad como pueblo que habita una casa de todos” (Laudato si’, n. 164).

Los jóvenes son el gran regalo de África para el mundo, por lo que Francisco invitó a las autoridades a “protegerlos, invertir en ellos y tenderles una mano”

En su discurso a las autoridades civiles, Francisco señaló que “no puede haber una renovación de nuestra relación con la naturaleza, sin una renovación de la humanidad misma”. Por ello, su mensaje en Kenia sobre el cuidado de la casa común ha ido acompañado por una llamada a la responsabilidad con el prójimo, especialmente con los más frágiles y necesitados. “Tenemos la responsabilidad de transmitir a las generaciones futuras la belleza de la naturaleza en su integridad, y la obligación de administrar adecuadamente los dones que hemos recibido. Estos valores están profundamente arraigados en el alma africana”, dijo el Papa.

Como era de esperar, la custodia de la naturaleza tuvo un especial peso en el discurso pronunciado en la sede de la ONU en Nairobi, la tarde del 26 de septiembre. El Papa se refirió a la conferencia sobre el cambio climático: “Espero que la COP21 lleve a concluir un acuerdo global y ‘transformador’ basado en los principios de solidaridad, justicia, equidad y participación, y orientando a la consecución de tres objetivos, a la vez complejos e interdependientes: el alivio del impacto del cambio climático, la lucha contra la pobreza y el respeto de la dignidad humana”.

Una vez más, Francisco mostró la relación entre el cuidado de la naturaleza y el cuidado de los más débiles, invitando a adoptar este reto desde “una perspectiva social que tenga en cuenta los derechos fundamentales de los más postergados”. Para ello es preciso difundir lo que el Papa refirió como “cultura del cuidado”. Se trata de “un proceso de educación que promueva nuevos estilos de vida. Un nuevo estilo cultural. Esto exige una formación destinada a fomentar en niños y niñas, mujeres y hombres, jóvenes y adultos, la asunción de una cultura del cuidado; cuidado de sí, cuidado del otro, cuidado del ambiente; en lugar de la cultura de la degradación y del descarte”.

El diálogo entre religiones “no es un lujo”

En un clima de tensión frente a la amenaza del terrorismo fundamentalista, ha cobrado especial relevancia el encuentro ecuménico e interreligioso celebrado en la Nunciatura Apostólica de Narobi la mañana del día 26. El Papa Francisco se reunió con representantes musulmanes, anglicanos y de otras confesiones cristianas. En vísperas del quincuagésimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, Francisco recordó a los líderes religiosos el compromiso irreversible de la Iglesia católica por promover el diálogo entre las religiones: “El diálogo ecuménico e interreligioso no es un lujo. No es algo añadido u opcional sino fundamental; algo que nuestro mundo, herido por conflictos y divisiones, necesita cada vez más”.

El Papa destacó el hecho de que las diferentes confesiones allí presentes estaban unidas por la creencia en un Dios de la paz. “Pienso aquí en la importancia de nuestra común convicción, según la cual el Dios a quien buscamos servir es un Dios de la paz. Su santo Nombre –afirmó el Papa– no debe ser usado jamás para justificar el odio y la violencia”. Francisco habló también de la importancia de valorar la creencia y la práctica religiosa como un tesoro de la sociedad: “Son para nosotros una fuente de iluminación, sabiduría y solidaridad, que enriquece a las sociedades en las que vivimos”. En especial, son un recurso de incalculable valor para educar a las futuras generaciones: “Juegan un papel esencial en la formación de las conciencias, infundiendo en los jóvenes los profundos valores espirituales de nuestras respectivas tradiciones, preparando buenos ciudadanos, capaces de impregnar la sociedad civil de honradez, integridad y una visión del mundo que valore a la persona humana por encima del poder y del beneficio material”.