Estancia del Prelado del Opus Dei en España

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Duración lectura: 3m. 54s.

Durante una reciente estancia en España, el Obispo Prelado del Opus Dei, Mons. Álvaro del Portillo, se dirigió a varios millares de personas que se reunieron para escucharle en Jerez de la Frontera y en Madrid. Entre otros temas, habló del consumismo, subrayando la necesidad de practicar la generosidad con los necesitados, y explicó el estado en que se encuentra el proceso de canonización del fundador del Opus Dei, el Beato Josemaría Escrivá de Balaguer.

Los dos actos tuvieron, por su finalidad y por los asuntos tratados, el carácter de una catequesis, y, por su forma, el aire de una reunión familiar, salpicada de buen humor. Mons. Del Portillo hablaba respondiendo a preguntas de los presentes, que le planteaban cuestiones e inquietudes personales y le pedían orientación para actuar con criterio cristiano en las circunstancias de su vida diaria. Los asistentes eran, en su mayor parte, padres y madres de familia, acompañados de sus hijos, en muchos casos. Abundaban también los jóvenes. Estos encuentros son una tradición iniciada por el Beato Escrivá, que en los últimos años de su vida llevó a cabo catequesis semejantes en España, Portugal y varios países de América.

En Jerez, el 20 de noviembre, el Prelado del Opus Dei tuvo ocasión de referirse al dolor. A la pregunta de un médico especializado en el tratamiento del SIDA, respondió que a los enfermos “hay que quererles y comprenderles, porque necesitan nuestro cariño y ayuda. Tienen que ver que sufres con ellos”, dijo al interlocutor. En otro momento tomó la palabra un padre de familia, que había llevado a su última hija, de pocos meses, nacida con el síndrome de Down, y manifestó que la consideraba un regalo de Dios. Mons. Del Portillo pidió que le acercaran a la niña para bendecirla y señaló que el dolor, que asocia a la Cruz de Cristo, es un misterio y un signo de predilección divina. “No podemos comprender a veces que Dios permita que suframos; pero sí sabemos que es Padre y que no quiere nada malo para sus hijos”.

El día 24, en Madrid, previno contra el peligro del materialismo práctico. Haciendo eco a las frecuentes manifestaciones de Juan Pablo II, afirmó que, tras la caída del comunismo, “el consumismo es el gran enemigo que tiene la Iglesia ahora, el gran enemigo de cada uno de nosotros”. Explicó que muchos, llevados del afán de comodidades, empezaron por poner a Dios entre paréntesis y han acabado por negarle de hecho. Subrayó que no es cristiano, en medio de tantas personas que pasan privaciones, entregarse a la busca del bienestar y “olvidarse de las necesidades de los demás”. Por el contrario, animó a los presentes a “vivir con un corazón más grande, queriendo a todos, sabiendo sacrificarse por todos”.

Puso como ejemplo de solicitud por los desfavorecidos al Beato Escrivá, que en los años veinte y treinta, cuando pasaba tanta estrechez que a veces no tenía ni para comer, se ocupaba, sin recibir remuneración alguna, de los necesitados de los barrios extremos de Madrid. “Su generosidad le llevaba a gastarse en ese trabajo gratuito por los pobres”, sin conseguir más que consumir los zapatos, y, como no tenía dinero para reponerlos -recordó el Prelado del Opus Dei-, cubría los agujeros de las suelas con trozos de cartón.

También en Madrid, preguntaron a Mons. Del Portillo cuándo sería canonizado el Beato Escrivá. Respondió que eso “depende de Dios y de las altas autoridades eclesiásticas”. Hace falta, recordó, que se pruebe un milagro producido después de la beatificación, y sólo Dios puede hacer milagros. Señaló que ya hay varias curaciones aparentemente extraordinarias, que se están examinando. Este estudio requiere tiempo, pues es preciso certificar que tales hechos son inexplicables por causas naturales. Sólo entonces se podrá trasladar el caso a la Santa Sede, para que dictamine una comisión médica.

El Prelado añadió que la postulación de la causa procede sin precipitaciones, para hacer avanzar el proceso sin un paso en falso. A este propósito, recordó que, con ocasión de la beatificación, Juan Pablo II le expresó que aquel acto, celebrado en Roma ante una gran multitud llegada de los cinco continentes, fue un “maravilloso acto de fe”, y Mons. Del Portillo confió a los presentes su convicción íntima de que, “como el Papa desea todo lo que redunde en gloria de Dios, deseará la canonización a su tiempo”.

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