El Primado del Papa y la búsqueda de la unidad de los cristianos

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Duración lectura: 2m. 45s.

El Primado del Papa no es un mero cargo de coordinación o de presidencia, ni un primado de honor, ni se puede concebir como una monarquía de tipo político. La Congregación para la Doctrina de la Fe ha recordado en una nota las características esenciales del Primado del sucesor de Pedro, que enmarcan los márgenes doctrinales dentro de los cuales se pueden estudiar sus nuevas formas de aplicación.

La iniciativa responde a la petición que Juan Pablo II hizo en la encíclica Ut unum sint para que se estudie una forma de ejercer el Primado que, “sin renunciar a lo que es esencial de su misión, se abra a una situación nueva”. El contexto en el que el Papa hace esa sugerencia es el ecuménico: para muchas comunidades cristianas, la autoridad del Romano Pontífice continúa siendo uno de los mayores obstáculos teóricos para avanzar en la unidad.

A pesar de que las consideraciones de la Congregación para la Doctrina de la Fe tienen un contenido especializado, ofrecen también algunos elementos de interés general. Se subraya, por ejemplo, que el gobierno del Romano Pontífice sobre la Iglesia se diferencia de los gobiernos de las organizaciones humanas no sólo en la esencia sino también en los modos de ejercerse, y que para entenderlo hay que partir del Evangelio. Desde sus inicios, la Iglesia ha entendido que “el ministerio de la unidad confiado a Pedro pertenece a la perenne estructura de la Iglesia de Cristo”.

Se pone de relieve que la autoridad del Papa no es arbitraria ni absoluta: no decide según su propio arbitrio sino que -como todos los cristianos- está sometido a la ley divina y a la inviolable constitución divina de la Iglesia. Además, el Papa escucha la voz de las Iglesias. Las características del ejercicio del Primado se deben comprender sobre todo a partir de dos premisas fundamentales: la unidad del episcopado, a la que sirve, y el carácter episcopal del Primado, que se expresa en su particular responsabilidad en la misión evangelizadora de la Iglesia. Una misión que se refiere a la difusión de la palabra de Dios, pero que se extiende también dentro de la Iglesia. “Es una función que implica un carisma: una especial asistencia del Espíritu Santo al Sucesor de Pedro, que implica también, en cierto casos, la prerrogativa de la infalibilidad”.

Si el primado es inmutable, sus modos de ejercicio pueden cambiar: “La inmutable naturaleza del primado del sucesor de Pedro se ha expresado históricamente a través de modalidades de ejercicio adecuadas a las circunstancias de una Iglesia peregrina en un mundo cambiante”.

El Primado “es un gran don de Cristo a su Iglesia en cuanto servicio necesario a la unidad, que ha sido con frecuencia -como demuestra la historia- una defensa de la libertad de los obispos y de las Iglesias particulares frente a las injerencias del poder político”.

Estas “Consideraciones” de la Congregación sobre El Primado del Sucesor de Pedro en el misterio de la Iglesia figuran como anexo al libro de actas de un congreso sobre el tema, organizado por la misma Congregación.

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