El Papa anima a los sacerdotes a usar el Catecismo

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Duración lectura: 5m. 1s.

En su tradicional carta a los sacerdotes con ocasión del Jueves Santo, Juan Pablo II les anima este año a emplear asiduamente en su trabajo pastoral el nuevo Catecismo de la Iglesia católica. Después de exhortarles a profundizar en el sentido de su ministerio y a agradecer el don del sacerdocio, el Papa señala que ahora hay otro motivo particular de gratitud por la publicación del Catecismo.

El contenido y el objetivo del Catecismo, señala, “están vinculados particularmente con nuestra vida sacerdotal y el ministerio pastoral de la Iglesia”. El Papa insiste en la ayuda que el Catecismo supone para el ministerio sacerdotal, porque “nos es dado como punto de referencia seguro para el cumplimiento de la misión, que se nos ha confiado en el sacramento del orden, de anunciar la ‘buena nueva’ a todos los hombres, en nombre de Cristo y de la Iglesia”. Y no sólo para los sacerdotes. El Catecismo, “al proponer de nuevo los contenidos fundamentales y esenciales de la fe y la moral católica, tal y como la Iglesia de hoy los cree, celebra, vive y reza, es un medio privilegiado para profundizar en el conocimiento del inagotable misterio cristiano” y para insertar la “novedad del Concilio” en la Tradición entera.

El Papa ha dispuesto que se adjunte a la carta otras palabras suyas: las reflexiones que hizo al final del encuentro con los presidentes de las Conferencias episcopales de Europa celebrado en el Vaticano el pasado 1 de diciembre. En ese texto el Papa se refiere al valor y significación del celibato sacerdotal. Señala que la crisis de vocaciones sacerdotales no se puede traducir en desesperanza, ni debe llevar a crear un clima de desaliento en torno a la vocación sacerdotal en el celibato.

“Es necesaria por nuestra parte la plena confianza en Dios, dador de los bienes espirituales”, dice Juan Pablo II. Es cierto, añade, que la Iglesia estima las otras tradiciones que no exigen el celibato, pero quiere permanecer fiel al carisma que ha recibido de su Señor. “Esta fidelidad y nuestra ardiente plegaria abrirán el camino al sacerdocio, incluso en las condiciones más desfavorables”.

La solución a la falta de clero, advierte el Papa, no puede ser rebajar las exigencias del sacerdocio. La respuesta en este momento ha de ser la solidaridad de los pastores, que “permitirá encontrar una solución mediante la comunicación de bienes entre las Iglesias que sufren escasez de vocaciones y aquellas que pueden ofrecerles ayuda”.

Fidelidad pide Juan Pablo II, al hablar del celibato. “Por ello -concluye, en plegaria a Dios-, pedimos no ceder a la duda, no sembrar la incertidumbre en los demás, ni convertirnos en propugnadores de opciones diferentes o de una espiritualidad para la vida y el ministerio sacerdotal que no sea la que Tú nos indicas”.

En defensa del celibato

A la vez, la Santa Sede ha preparado varias iniciativas de amplio alcance con el fin de relanzar en la sociedad actual una correcta comprensión del valor y significado del celibato sacerdotal. Mons. Crescencio Sepe, secretario de la Congregación para el Clero, dijo en una rueda de prensa que se trata de un carisma que está siendo sometido a dura presión exterior, como muestra el sensacionalismo con que algunos medios de comunicación han destacado las crisis de algunos obispos europeos y americanos en su compromiso de celibato.

Mons. Sepe añadió que con frecuencia no se quiere o no se sabe ver en el celibato sacerdotal la fecundidad espiritual y la riqueza teológica, sino que se lo juzga “con criterios sociológicos y mundanos, casi como si el sacerdote fuera un funcionario y la Iglesia una asociación como tantas otras”.

Entre las iniciativas para facilitar una mejor comprensión del celibato figura la publicación de un volumen que recoge 18 artículos de personalidades católicas, ortodoxas, anglicanas, judías y budistas. El libro, titulado Sólo por amor, ofrece un profundo análisis del celibato desde los puntos de vista bíblico, antropológico y teológico, así como varios testimonios personales que muestran la riqueza de este don vivido en situaciones límite. Destaca, en este sentido, el artículo del arzobispo de Cantón, Mons. Dominic Tang Yeeming, que pasó 22 años de reclusión.

Durante la presentación del libro en el Vaticano, intervino la Madre Teresa de Calcuta, que es autora de la reflexión que cierra el volumen. La religiosa habló del trabajo que su congregación desarrolla en todo el mundo y explicó que las monjas no podrían llevarlo a cabo si no fuera por la ayuda espiritual que reciben de los sacerdotes. En su artículo subraya que el sacerdocio exige una entrega total, incompatible con otros amores. Basándose en su experiencia de atención a “los más pobres de entre los pobres”, señala que “en el sacerdote la gente tiene necesidad de encontrar un auténtico hombre de los sagrado que los conduzca a Dios, que los lleve a Jesús. No tiene necesidad de un sacerdote que desarrolle obras sociales. Muchas personas estupendas pueden hacerlo mil veces mejor”.

El Card. Moreira Neves, primado de Brasil, afirmó en la conferencia de prensa que la escasez de vocaciones sacerdotales no se debe al celibato, sino a la falta de sensibilidad para las cosas de Dios. Si en la historia han existido escándalos entre los sacerdotes, la causa no es el celibato sino la debilidad humana, que está presente también en personas casadas. El celibato, precisó, no es sólo una estrategia para lograr la disponibilidad total de los sacerdotes, sino que se basa en su dimensión espiritual: la plena entrega a Dios.

El celibato volverá al centro de la atención a finales de mayo, fecha en que se celebrará en Roma un simposio internacional sobre el tema, promovido por la Congregación para el Clero.

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