El censo en Chile provoca un debate sobre la importancia del catolicismo en el país

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Duración lectura: 3m. 49s.

Santiago de Chile. La realización del censo de población en Chile el pasado 24 de abril ha dado lugar a una polémica sobre el papel de la Iglesia católica en el país, y ha contribuido a crear nuevas tensiones entre la Iglesia y el gobierno de centro izquierda que preside Ricardo Lagos.

Desde enero de este año varios obispos chilenos venían denunciando una campaña destinada a minar la credibilidad de la Iglesia Católica, pero la situación se volvió crítica en los días previos al censo de población. Una de las preguntas del censo es a qué religión se pertenece. Días antes del censo se tuvo conocimiento de una campaña de correos electrónicos enviados desde oficinas públicas llamando a las personas a no identificarse como católicas en esta encuesta. El objetivo era hacer ver que la Iglesia ha perdido importancia, para que así la visión católica no pueda ejercer influencia en temas donde están en juego aspectos éticos. La legislación chilena no permite el divorcio ni el aborto, y también ha habido conflictos entre Iglesia y gobierno a propósito del tipo de educación sexual en las escuelas o del control de natalidad.

La información que genera el censo sirve de base para adoptar políticas públicas y determinar las decisiones de inversión durante los próximos diez años. Generalmente éstas se refieren a planes de salud, educación y vivienda. Ahora, sin embargo, se advierte que los resultados del censo se utilizarán para demostrar que Chile no es un país católico y que la Iglesia católica representa solo una religión más del país, como la evangélica o la judía.

Los censos de población se realizan en Chile cada diez años. Los últimos señalan que los católicos han ido en baja. Mientras en 1930 el 98% de la población se declaraba católica, en 1992 fue un 76,7%. Si bien es de esperar que este año se registre una nueva caída, la polémica se ha centrado en la magnitud de la disminución del porcentaje de católicos. Cálculos del Instituto de Sociología de la Universidad Católica de Chile proyectan una baja a un 70%, retroceso que en el escenario latinoamericano sería similar al de Argentina y Uruguay.

Entre las causas de este fenómeno aparece en primer lugar el crecimiento de las iglesias evangélicas. En el censo de 1992 el 12,4% de los chilenos se declaró evangélico, porcentaje que ahora se prevé que aumente. Frente a un clero católico que no da abasto para atender las zonas populares, han proliferado cientos de iglesias evangélicas tan solo a cargo de un pastor. En los sectores más pobres del país, con altas tasas de alcoholismo y de convivencias no matrimoniales, la abstinencia etílica de los evangélicos, por un lado, y su tolerancia de las uniones de hecho, por otro, les ha convertido en una religión atractiva.

Pero otra causa importante en la caída en el porcentaje de católicos podría radicar en la indiferencia de los jóvenes entre 15 y 25 años, quienes en la actualidad manifiestan desconfianza hacia las instituciones sociales, incluidas las políticas y religiosas. Los obispos católicos también manifestaron aprensión sobre las instrucciones que reciban los agentes del censo, pues podrían inducir a una respuesta negativa al asociar ser católico con ir a misa todos los domingos. Por ello, a través de cartas, homilías y entrevistas en medios de comunicación los obispos intentaron aclarar durante las últimas semanas que son católicos todos los bautizados, aun cuando por diversas razones estén alejados de la práctica de la fe.

El arzobispo de Santiago, Mons. Francisco Javier Errázuriz, formuló una denuncia que fue transmitida por todos los medios de comunicación del país. Señaló que, aun cuando el gobierno haya condenado la campaña anticatólica y removido a los funcionarios públicos involucrados en los envíos de correos electrónicos, se ha hecho un daño irreparable, pues se ha sembrado la duda en las personas sobre su pertenencia a la Iglesia. La Iglesia Católica encargó el año pasado una encuesta nacional, en la que un 74,4% de las personas se declararon católicas, un 13,9% pertenecientes a iglesias evangélicas, y un 8,4% sin religión.