“El catolicismo es lo que siempre he creído”

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York Minster, al norte de Inglaterra, es “la catedral gótica más grande del norte de Europa”, y se precia de haber sido lugar de culto cristiano durante casi mil años. A fines de febrero pasado, sus cimientos parecieron estremecerse cuando el canónigo Edward Norman, “segundo de a bordo” en el capítulo catedralicio, anunció que en mayo se retirará de sus cargos y que a fines de este año será recibido en la Iglesia católica.

Algunos llaman a Norman “látigo del establishment liberal que sigue dominando la Iglesia de Inglaterra”. Norman acaba de publicar un libro titulado Dificultades del anglicanismo. Un nuevo catálogo de errores. Sintomáticamente, utiliza para “catálogo” la palabra latina “Syllabus”, nada simpática a los protestantes. Y es que Norman es una personalidad difícil de clasificar. Su teología ha sido más cercana a la Low Church, inclinada hacia el luteranismo (frente a la High Church “catolizante”), pero políticamente es considerado un exponente de la “nueva derecha”. Ha publicado más de una decena de libros, entre ellos algunos de divulgación como sus Meditaciones en el Daily Telegraph, un Catecismo anglicano o Secularización. Estudioso de la historia y del derecho canónico, a última hora han sido las reflexiones sobre la autoridad en la Iglesia las que le han llevado a concluir que sólo en el catolicismo puede vivir en plenitud el dogma cristiano.

Entrevistado por el mismo diario que publicó sus Meditaciones (Daily Telegraph, 24-II-2004), Norman asegura que “en el centro del anglicanismo hay un gran vacío de autoridad. No pienso que sea una Iglesia, es más bien una sociedad religiosa”. A pesar de que su intención no es atacar al anglicanismo, como bien señala el entrevistador, “la crítica más dura que puede hacerse a una Iglesia es eso: decir que no es una Iglesia”.

En particular son los sínodos de la Iglesia de Inglaterra -teóricamente su máxima autoridad- lo que más desencanta a Norman: “Los desacuerdos provienen de eludir por principio el debate. La cobardía moral más ordinaria se presenta como si fuera un juicio sabio. Para los líderes, el construir equivocadamente fórmulas de compromiso constituye como una segunda naturaleza”.

Inicialmente, aceptó la “ordenación sacerdotal” de mujeres (decidida por el sínodo anglicano en 1992), pero ahora está en contra. “Se nos dijo que se estaba perdiendo para el sacerdocio toda una dimensión de la humanidad, pero el esperado enriquecimiento no se ha producido”.

“El catolicismo es lo que siempre he creído -concluye en sus declaraciones al diario-, pero hasta ahora me faltó ánimo para ponerlo por obra. Si quiere, puede llamarlo un rayo de luz antes de que se ponga el sol”.

Un largo camino intelectual

Norman no podrá ser calificado de oportunista o irreflexivo. La base intelectual para su ingreso en la Iglesia católica puede encontrarse, por ejemplo, en una conferencia titulada “La autoridad en la comunión anglicana”, de 1998. Allí reconocía que la existencia institucional -en países oficialmente católicos- de la Iglesia católica, “la más universal de las instituciones cristianas”, era “completamente compatible con su autonomía espiritual”. La Iglesia anglicana, en cambio, no contaba, para garantizar tal libertad frente al Estado (que la había segregado de Roma teóricamente para protegerla de injerencias) más que con “Concilios generales” que renunciaban a las definiciones doctrinales y eran “esencialmente organismos para regularizar decisiones en materias de orden y disciplina”.

En su argumentación histórica, Norman reconoce que la Iglesia católica trató de aceptar la teoría según la cual anglicanismo y catolicismo eran dos ramas del mismo árbol. “La teoría de las ramas fue desechada en 1842 por el cardenal Wiseman: diferentes ramas pueden ser parte de la misma planta. Pero tienen que tener un tronco y unas raíces comunes. Tenemos que conocer la historia de la planta: ¿de qué puede ser la Iglesia Anglicana una rama? De la Iglesia Católica. ¿Y qué es la Iglesia Católica? La unión de todas las iglesias apostólicas episcopales”.

Según Norman, la imposibilidad de los anglicanos para resolver cualquier problema procede de su incapacidad para reconocer la naturaleza unitaria de la doctrina, fundada en la unidad de la Iglesia. Sin una fuente de autoridad, la Iglesia anglicana se ha limitado a distinguir entre verdades esenciales y accidentales, apoyándose en la doctrina de Melanchton. El intento de basar su autoridad en la Biblia ha fracasado, según Norman, porque “la Biblia no declara su propia autoridad”. De esta forma, los anglicanos “ni siquiera han podido explicar el papel de la Virgen en el esquema de la redención”. Por el contrario, en medio de intensos debates internos, la Iglesia católica llega a precisas formulaciones doctrinales, gracias a que tiene claro en qué se funda su autoridad.

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