Cristianos y musulmanes, contra el extremismo en Oriente Medio

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La conferencia internacional organizada en El Cairo por la Universidad de Al Azhar, que ha condenado el terrorismo del Estado Islámico y su interpretación del Islam, ha supuesto un paso importante para descalificar la ideología yihadista. A la conferencia, que terminó el 3 de noviembre, acudieron más de 600 ulemas y representantes de la vida política, social y religiosa –incluyendo algunos líderes de las comunidades cristianas de Oriente Medio–.

La Universidad Al Azhar es la principal institución teológica del islam suní, y la influencia de sus edictos religiosos traspasa las fronteras de Egipto.

En el comunicado final de la conferencia, los asistentes califican la violencia del EI y de otros grupos yihadistas contra civiles como “crímenes contra la humanidad”, e instan a los gobiernos e instituciones religiosas a unir esfuerzos para erradicarlos.

En el discurso inaugural, el gran imán de Al Azhar, Ahmed Tayeb, condenó al EI: “Bajo el manto de esta religión sagrada, se han dado a sí mismos el nombre de Estado Islámico en un intento de exportar su falso islam (…) que se basa en la masacre, la decapitación y la expulsión de los que discrepan”. Tayeb añadió que factores políticos y económicos, además del religioso, explican el ascenso de estos grupos violentos.

Los cristianos en Oriente Medio representan una realidad autóctona y de ninguna manera pueden ser identificadas como un “cuerpo extraño” importado de Occidente

También el vicedirector de Al Azhar, Mohamed Mahmud Hamish, ha declarado a El País (4-11-2014) que “los ulemas, los clérigos musulmanes, tenemos una gran responsabilidad en la lucha contra el EI. Nuestra obligación es aclarar conceptos como yihad o califato, que son tergiversados por los terroristas. Por ejemplo, la yihad solo se puede declarar como acto defensivo ante una agresión y la debe proclamar la autoridad gobernante, no cualquier individuo”.

Hamish reconoce que en la lucha contra el EI “es necesaria una vertiente militar, pero la del ámbito del pensamiento es igualmente crucial”. Por eso es importante que en esta conferencia “se haya entablado un diálogo entre representantes de distintas religiones y también de diferentes ramas del islam para denunciar el terrorismo y la violencia ejecutados en nombre de la religión”.

Anba Antonios Aziz Mina, obispo copto católico de Guizeh, en declaraciones a la agencia Fides, ha calificado la conferencia de Al Azhar como un “hecho de gran importancia histórica”. “Es la primera vez –subraya Anba Antonios– que una institución islámica tan influyente dice claramente que las teorías utilizadas por los terroristas y extremistas para justificar con el Corán sus acciones violentas representan una perversión del verdadero Islam”.

Hasta ahora, las instituciones islámicas habían hecho condenas más bien tímidas y ante hechos concretos del terrorismo islámico. “Ahora, se dirige a toda la ideología enferma que está detrás de las estrategias del extremismo de marca islamista”, dice el obispo copto.

La principal institución teológica del islam suní condena la violencia y la ideología del Estado islámico

Los cristianos y la primavera árabe

Otra iniciativa de este tipo ha sido el congreso celebrado en Ammán, durante los días 22 y 23 de noviembre, organizado por la Fundación Konrad Adenauer y al-Quds Center for Political Studies para hablar sobre los cristianos y la primavera árabe. Han participado parlamentarios y políticos de diferentes naciones de Oriente Medio, junto con representantes de las iglesias y comunidades cristianas, como el arzobispo caldeo de Kirkuk, Mons. Yousif Thomas Mirkis, según informa la agencia Fides.

El documento final, titulado “Declaración de Ammán” –refiere el sacerdote jordano Rifat Bader, director del Catholic Center for Studies and Media– “representa una hoja de ruta para tratar de delinear un futuro mejor para los cristianos en Oriente Medio, en el que se detenga la violencia y crímenes sectarios, se ponga fin a la persecución de la tiranía política y religiosa, y se fortalezca un verdadero Estado de derecho”. En el documento se reafirma que las Iglesias y las comunidades en Oriente Medio representan una realidad autóctona y de ninguna manera pueden ser identificadas como un “cuerpo extraño” importado de Occidente.

Por otra parte, durante el congreso se hizo una valoración de la llamada “primavera árabe”: en su día, los acontecimientos fueron recibidos con esperanza, pero hoy se impone hacer frente a las emergencias y consecuencias negativas que se han producido después. El documento señala las dificultades para consolidar en la región sistemas democráticos que garanticen un derecho de ciudadanía en términos de igualdad. Los cristianos han sufrido la discriminación, también por parte de regímenes tiránicos y corruptos, y han sido luego a menudo acusados injustamente de sumisión a los dictadores.

Como sucede en tantas cuestiones, muchos problemas derivan de equívocos planteamientos en la escuela: los programas oficiales de varios países silencian la presencia histórica de los cristianos en Oriente Medio desde los tiempos apostólicos, lo que no favorece la comprensión mutua y la convivencia pacífica. Ese problema resulta inseparable del aumento de la intolerancia, debida principalmente a interpretaciones radicales de las enseñanzas del Islam, apoyadas en algunos casos por gobiernos de la región.

La “primavera árabe” fue recibida con esperanzas, pero sus consecuencias han sido negativas para los cristianos.

La Declaración final del congreso de Amman reconoce la necesidad de distinguir las diversas expresiones y tendencias del islam político, y de involucrar a los más sabios en posturas contrarias a cualquier tipo de discriminación legal, social y política de los árabes cristianos. No desconoce tampoco el riesgo de las comunidades cristianas de caer en el particularismo y en el aislacionismo, así como la tentación de responder al extremismo islamista con un extremismo opuesto.

De otra parte, el documento insta a que las diversas las formas e iniciativas de cooperación internacional ayuden a las comunidades cristianas a permanecer en sus raíces, evitando el éxodo de los bautizados de las tierras donde nació el cristianismo y se extendió desde los tiempos apostólicos.

Los problemas son suficientemente graves como para suscitar muchas iniciativas. Además de las promovidas por la Santa Sede –no se puede olvidar el sínodo extraordinario convocado por Benedicto XVI en 2010‑, son importantes las de la Comunidad de San Egidio. Su fundador, Andrea Riccardi, anunciaba también hace poco la organización de una conferencia internacional sobre el futuro de los cristianos en Oriente Medio. Tendrá lugar los días 5 y 6 de marzo de 2015 en Chipre. La convocatoria se dirige a la jerarquía de las Iglesias católicas, ortodoxas y cristianas de Oriente Medio, así como a personalidades musulmanas y representantes políticos y gubernamentales.

Como señala el profesor Riccardi, “la situación de los cristianos en Oriente Medio es crítica; y si muere el antiguo mosaico de culturas y religiones presentes en Siria e Irak, desaparecerán civilizaciones que no existen en ninguna otra parte dEl Mundo y a las que les debemos mucho en términos de civilización”. Además, “si los cristianos terminan huyendo de Oriente Medio se producirá la pérdida de una parte de pluralismo y de democracia en toda la zona, porque después de los cristianos serían discriminados los mismos musulmanes y las demás componentes de un panorama irrepetible que constituye un bien para toda la humanidad. Moriría totalmente la antigua Mesopotamia; sería un genocidio cultural, además de una masacre”.

Coloquio en Teherán

Por otra parte, en un coloquio celebrado en Teherán el 25 y 26 de noviembre, el Centro para el Diálogo Interreligioso de la Organización de Cultura y Relaciones Islámicas y el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso han condenado el extremismo y la violencia cometidos en nombre de la religión.

Las delegaciones estaban dirigidas por el presidente de la Organización de Cultura y Relaciones Islámicas, Abuzar Ibrahimi Turkaman, y por el presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, cardenal Jean-Louis Tauran.

Los participantes han defendido que 20 años de diálogo entre las citadas instituciones ha hecho posible un “mejor conocimiento y comprensión mutua”. Así, han subrayado que el diálogo constructivo entre cristianos y musulmanes “juega un papel crucial en la construcción de una sociedad mejor”.

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