Casi la mitad de la población judía romana encontró refugio en conventos durante la persecución nazi

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En las vísperas del 60 aniversario de la deportación de los judíos de Roma, ocurrida el 16 de octubre de 1943, nuevos datos históricos hacen luz sobre la actuación de las instituciones católicas de la Ciudad Eterna. Los judíos que encontraron refugio en parroquias y conventos fueron al menos 4.329, y no pocos centenares, como sostenían algunos historiadores.

En 1943 los registros de la comunidad judía romana contaban con diez mil inscritos, pero no todos estaban en la capital en el momento de la persecución. Los nazis detuvieron a 1.250, de los cuales acabaron soltando por diversos motivos a 252: los otros mil fueron enviados a Auschwitz. Los que se refugiaron en instituciones católicas de la ciudad representaban, por tanto, casi la mitad de la población judía romana. Además, un número indeterminado se alojó en casas de familias.

Los nuevos datos son fruto del trabajo que está llevando a cabo una institución que coordina la investigación histórica de las instituciones religiosas de Roma. Los resultados se presentaron en el simposio “Pobreza y riqueza de una historia escondida”, celebrado en Roma el 24 de septiembre. Se trata de una reconstrucción basada en las crónicas de las mismas casas y en los testimonios de quienes protagonizaron los hechos. El elenco incluye 108 instituciones femeninas (con 2.790 refugiados) y 51 masculinas (con 1.539 refugiados). En el caso de seis conventos se señala que las cifras son todavía incompletas y en otros tres que son dudosas, pues la investigación está en marcha.

De los relatos emerge el conocimiento que el Vaticano tenía de esta situación. Por lo general, las instrucciones eran verbales, como corresponde a una ciudad ocupada, en la que la difusión de textos escritos suponía multiplicar las ocasiones de peligro. De hecho, no fueron infrecuentes las delaciones y los registros. En tales circunstancias, tampoco faltó imaginación, como el uso de los hábitos religiosos, la simulación de enfermos en hospitales, etc. Pero esos episodios ingeniosos no esconden el peligro real al que se sometían quienes tomaban la iniciativa de proteger a los perseguidos.

En la relación no se incluyen los lugares que gozaban de extraterritorialidad. Sobre este punto, en las últimas semanas ha vuelto a ser noticia un episodio ocurrido en la basílica de San Pablo Extramuros. En verano de 1943, el Vaticano -a través de la productora Orbis Universalia- encargó a Vittorio de Sica que filmara una película (“La puerta del cielo”) sobre un grupo de enfermos, en viaje hacia el santuario de Loreto. De este modo, trescientos judíos y perseguidos varios, contratados como falsos “extras” y técnicos, pudieron gozar de cobijo en la basílica (cfr. servicio 123/03).

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