Brasil: la opción preferida de los pobres

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Un editorial de O Estado de São Paulo (14-X-99) comenta la distinta afluencia de público a dos actos organizados con motivo del 12 de octubre: el “Grito de los Excluidos” y la celebración de Nuestra Señora de Aparecida.

El “Grito de los Excluidos”, en Brasilia, estaba organizado por la Pastoral Social de la Conferencia Episcopal de Brasil (CNBB) y el Movimiento de los Sin Tierra (MST). Las conmemoraciones del Día de la Patrona, en Aparecida, y el encuentro católico “En el nombre del Padre-JC 2000”, fueron promovidos por la Archidiócesis de Río de Janeiro y por el movimiento de Renovación Carismática en Maracaná.

El editorial comenta que “la diferencia más evidente está en los números. El acto de la CNBB reunió, según los cálculos de los organizadores, entre 1.500 y 2.000 personas. Según la Policía Militar del Distrito Federal -y como se vio por televisión-, los participantes no fueron más de 600. El Día de la Patrona llevó a Aparecida cerca de 170.000 fieles, de los cuales por lo menos 45.000 abarrotaron la basílica del lugar para la celebración de la Misa en honor de Nuestra Señora. Exactamente, 161.722 personas pasaron por los tornos de acceso a Maracaná, 40.000 de la capacidad del recinto. Otras 15.000 no lograron entrar. Ningún otro evento no deportivo en la historia del gigantesco estadio -ni tan siquiera la Misa oficiada por Juan Pablo II hace dos años- reunió a tal multitud”.

Es tan fácil como simplista, afirma el editorial, explicar la formidable afluencia de católicos en Aparecida y en Maracaná sólo porque se sabía que en el primer caso el cantante Roberto Carlos participaría en la ceremonia, entonando canciones de inspiración religiosa, y en el segundo cantaría el padre Marcelo Rossi, la más popular figura religiosa del Brasil de hoy. Sin subestimar la influencia de la cultura de masas en los movimientos religiosos, hay que tener en cuenta otras razones.

“Realizado simultáneamente en 14 países de Latinoamérica y del Caribe, el ‘Grito de los Excluidos’ tenía una motivación política. Más que una legítima protesta contra la ignominia de la miseria y de la desigualdad, su versión brasileña fue un acto de beligerancia ideológica marcado por el espíritu maniqueo que inspira al MST, con las bendiciones del llamado ‘clero progresista’, para quien el anticristo del día es el FMI”. En la manifestación se quemó la bandera de los Estados Unidos.

Frente a las expresiones de odio, que “precisamente por ser lo que es no atrajo a los más pobres de entre los pobres de las ciudades satélites de la capital federal”, en Aparecida y Río “los sentimientos que permearon los actos religiosos fueron el amor y la solidaridad. Nadie niega que el carisma de Roberto Carlos o del padre Marcelo Rossi hipnotiza a las multitudes. Pero no las seducirían si entonasen furiosos himnos de violencia y rogasen por el derrumbamiento, por la fuerza, de un sistema político y económico que una patética ‘teología de la liberación’ señala como causa primera de todos los males que el pueblo padece. En el templo y en el estadio, ese mismo pueblo hizo coro con Roberto Carlos y Marcelo Rossi porque la de ellos es una religiosidad que, sin desconocer el dolor, la miseria y la injusticia social, despierta generosas emociones humanas, capaces de contribuir a cambiar la vida de los excluidos”.

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