Actriz italiana redescubre la fe

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Duración lectura: 1m. 33s.

Quien piense que los cursos prematrimoniales en las parroquias no sirven para nada, debería hablar con Debora Caprioglio, actriz italiana, casada en 2008 con el también actor y director Angelo Maresca. “Éramos dos solteros empedernidos –declara a Avvenire–, pero nos hemos casado por la Iglesia y allí ha empezado todo”.

El camino hacia el redescubrimiento de la fe, tanto de ella como de Angelo, comenzó con el curso prematrimonial: “Antonio Pinzello, un sacerdote del Opus Dei, nos ha preparado para la boda, a través de un itinerario no solo espiritual, sino también cultural. No ha sido un cambio fulgurante, sino una progresiva aproximación a la práctica religiosa, de la que me había alejado, aun siendo siempre católica”.

Desde entonces han cambiado muchas cosas, empezando por sus elecciones artísticas, que ya no tienen que ver con alguna película anterior en la que solo contaba la exhibición de su físico. “Aquella experiencia me enseñó que no se puede alcanzar la fama solo por el físico. En cada ser humano hay mucho más. Debemos desarrollar y aumentar nuestros talentos. Esto me ha llevado a estudiar recitación y dicción, a empeñarme en el trabajo, a decidir en algún caso no trabajar antes que aceptar cosas discutibles. También algunas elecciones ayudan a crecer”.

Sobre todo, dice, “ha cambiado mi modo de relacionarme con Dios y con los demás. Antes solo pedía, hoy soy capaz de agradecer por todo lo que he recibido y de pensar también en las necesidades de los demás. La vida matrimonial ha completado este itinerario, y la espiritualidad peculiar del Opus Dei –la santificación a través del trabajo– me ha enseñado a conjugar fe y trabajo, que en otras fases de mi vida consideraba absolutamente separadas”.