El Archipiélago Gulag, cuarenta años después de Solzhenitsyn

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Berlín. El término “Gulag” (acrónimo del nombre ruso “Dirección General de los Campos de trabajo correccionales”) se dio a conocer al público occidental hace cuarenta años, en 1973, con la publicación –en Francia– de Archipiélago Gulag, de Aleksandr Solzhenitsyn (1918-2008). Las condiciones de vida en los campos de trabajos forzados ya las había tratado literariamente Solzhenitsyn en su primera obra, Un día en la vida de Iván Denísovich (1962).

Una ONG rusa y dos fundaciones alemanas han colaborado para organizar la exposición

El “sistema de los campos”, que se extendía como un archipiélago por toda la Unión Soviética, tenía como objetivo no solo el aislamiento de los prisioneros; también desempeñaba un “importante papel para la producción industrial y la colonización de parajes inhóspitos”: así escribió Paul Barton ya en 1959. El Gulag se convirtió además en un sistema de opresión que mantuvo a la población en un temor permanente, porque cualquiera podía verse afectado por él.

Animada por la perestroika y la glásnost, en 1988 se fundó la sociedad Memorial con el propósito de investigar el sistema Gulag. Los primeros resultados de su labor los presenta ahora en una abrumadora exposición que acaba de inaugurarse en el Museo Histórico Alemán (DHM) de Berlín, con la que se rompe un silencio de decenios. La exposición está organizada por Memorial y la Fundación alemana conmemorativa de los campos de concentración de Buchenwald y Mittelbau-Dora (SGBM-D), en cooperación con la Fundación Palacio de Neuhardenberg.

La exposición ofrece una visión estremecedora de un sistema ilegítimo e inhumano

En el acto de presentación de la muestra, Irina Scherbakova, colaboradora científica de Memorial, hizo referencia al simbolismo del lugar en que se celebra, porque en el DHM “se presenta historia alemana”. Volkhard Knigge, director de la SGBM-D, explicó los móviles para cooperar en esta exposición: su Fundación tiene un objetivo afín al de Memorial, porque recuperar el pasado significa “no dejar la última palabra a la historia negativa”. Además existe una segunda razón: las cifras más elevadas de muertes en los campos del Gulag se produjeron precisamente en relación con el ataque de Alemania a Rusia en 1941-1944. Para Knigge es importante esclarecer que no se trata de “equiparar y relativizar”, de hacer una comparación entre los dos mayores sistemas de campos de concentración del siglo XX.

La exposición en el DHM no puede ofrecer una historia definitiva del Gulag, recalcó Irina Scherbakova, pues su sociedad solo ha identificado hasta el momento aproximadamente dos millones y medio de víctimas de los cuatro millones en que se estima el total. Actualmente están estudiando la posibilidad de publicar en Internet un gran archivo con entrevistas. Sin embargo, las entrevistas que se siguen llevando a cabo actualmente se hacen sobre todo con los hijos de las víctimas, pues cada vez quedan menos supervivientes. Como no es posible reproducir una historia continuada, la exposición presenta “huellas y testimonios” de los años 1929 a 1956, que Memorial viene reuniendo en toda la antigua Unión Soviética desde 1988.

Se han identificado hasta el momento 2,5 millones de víctimas, de los 4 millones en que se estima el total

En una superficie de 500 metros cuadrados, la exposición se centra en las experiencias y los recuerdos de las víctimas. Se plantea, además, la cuestión de cómo pueden entenderse las dimensiones del Gulag, considerado por los contemporáneos como “quintaesencia” del despotismo soviético. En cinco secciones (“Desde la revolución de octubre al Gulag”, “Persecución y deportación”, “Trabajos forzados, supervivencia y muerte en el campo de concentración”, “Disolución del sistema del Gulag y recuerdo del Gulag” y “Biografías seleccionadas de prisioneros”), los objetos coleccionados por Memorial, ya se trate de un saquito para guardar el pan, de un vestido desgastado o de una placa de metal de un muerto, permiten hacerse una idea viva sobre la vida diaria de los prisioneros. De este modo surge un monumento conmemorativo que es al mismo tiempo archivo. Testimonia las condiciones de vida en los campos del Gulag, pero también los esfuerzos –obstaculizados una y otra vez– de recuperar públicamente la historia de los campos, de la represión y del terror, y de recordar a las víctimas.

La exposición tiene un significado más allá de la historia de la Unión Soviética en sí, pues las violaciones de los Derechos Humanos afectan a todos. Sobre esto, dijo Irina Scherbakova: “No existe un recuerdo por separado de las violaciones de los derechos humanos; se trata de una historia europea”. La exposición “Gulag. Huellas y testimonios 1929-1956” ofrece una visión estremecedora de un sistema ilegítimo e inhumano. “La visión de la historia no siempre es cómoda”, declaró en la presentación de la exposición el Presidente del DHM Alexander Koch; pero esta visión perturbadora y estremecedora es necesaria para comprender la historia del siglo XX.

GULAG. Spuren und Zeugnisse 1929-1956 (Huellas y testimonios 1929-1956), del 17 de mayo al 1 de septiembre de 2013 en el Museo Histórico Alemán (Unter den Linden 2, Berlín).

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares