Un multimillonario denuncia la “amenaza capitalista”

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Duración lectura: 4m. 2s.

El sistema económico que permitió a George Soros amasar su fortuna, estimada en 2.000 millones de dólares, es ahora objeto de serias críticas por parte de él mismo. Este norteamericano de origen húngaro afirma que el capitalismo actual ha derivado a un crudo laissez-faire que, al dar la espalda a los desfavorecidos, amenaza la paz social y alimenta tentaciones totalitarias. Estas advertencias aparecen en un artículo que el millonario ha publicado en la revista The Atlantic Monthly (enero 1997).

“He hecho una fortuna en los mercados financieros internacionales, pero ahora temo que la desenfrenada intensificación del laissez-faire capitalista y la penetración de los valores mercantiles en todos los ámbitos de la vida están poniendo en peligro nuestra sociedad abierta y democrática”, escribe. El artículo, titulado “La amenaza capitalista”, advierte que el mayor enemigo de la democracia no es ya el comunismo, sino la idolatría del mercado, que favorece las tensiones sociales y abre la puerta a autoritarismos y totalitarismos mesiánicos.

Soros no ha pensado siempre así. Según él mismo, cambió de opinión hacia 1979. Entonces empezó a dedicar a fines sociales parte de su fortuna, lograda con su fondo de inversiones mediante audaces operaciones financieras. Por ejemplo, obtuvo grandes beneficios en su famosa especulación de 1992 a costa de la libra esterlina, con lo que contribuyó no poco a que la divisa británica tuviera que salir del sistema monetario europeo.

Soros, nacido en Hungría hace 66 años, emigrado a Estados Unidos en 1956 y luego nacionalizado en este país, desde 1989 ha dirigido su acción filantrópica sobre todo a los países ex comunistas europeos. A ellos ha dedicado más de mil millones de dólares a través de su fundación, el Open Society Fund. En esta zona, las ayudas de Soros pretenden consolidar las nuevas sociedades democráticas. Una de sus principales iniciativas es la Universidad Centroeuropea de Budapest, a la que ha destinado 55 millones de dólares.

En su experiencia en Europa parece inspirarse, en buena parte, la llamada de atención que hace en su artículo. Soros lamenta que los Estados occidentales no den suficientes ayudas económicas para la reconstrucción de la antigua Unión Soviética y sus ex satélites europeos. En Rusia, especialmente, las consecuencias están siendo graves, según dice. El poder real ha pasado allí de la maquinaria comunista a unos capitalistas “bandoleros” que prosperan en el caos. Los desequilibrios sociales se han hecho tan grandes, que hay serio peligro de que los rusos se entreguen en manos de algún “líder carismático que prometa el resurgimiento nacional a costa de las libertades”.

Pero Soros mira también al frente doméstico, donde ve similares peligros. En Occidente domina, dice, una mentalidad capitalista que fomenta la desigualdad y el consiguiente conflicto social. “La ideología del laissez-faire”, que ve en la intervención estatal “el mal supremo”, “ha proscrito, de hecho, la redistribución de la riqueza”. Pero ni siquiera Adam Smith, prosigue, creía sólo en la “mano invisible”, sino que subrayaba la necesidad de aunar las fuerzas del mercado y las de la moral. Hoy, en cambio, se pone el interés propio por encima del bien común y se considera el dinero como la verdadera medida de todo valor: “Lo que antes era un medio de intercambio ha usurpado el puesto de los valores fundamentales”. Y contra el pragmatismo añade Soros: “Tener éxito no es lo mismo que tener razón”.

Soros piensa ante todo en Estados Unidos, donde ve con preocupación el avance de la “ola conservadora” y de la marginación. Por eso ha decidido dedicar 350 millones de dólares anuales a cinco temas sociales que considera prioritarios para su país: los inmigrantes -porque se empieza a negarles el acceso a prestaciones básicas-, la resistencia a aceptar la muerte (ensañamiento terapéutico), las drogas, la mala calidad de la enseñanza que reciben los niños pobres, y el sistema penitenciario, desbordado e incapaz de rehabilitar a los delincuentes.

El modo de enfocar los problemas refleja las ideas personales de Soros, muy influidas por Karl Popper. De este pensador es la expresión “sociedad abierta”, que Soros emplea con profusión. Así, en cuanto a la droga, no está de acuerdo con las tácticas oficiales, casi bélicas, porque piensa que es contraproducente perseguir la utopía de eliminar el consumo. Se opone a penalizar al consumidor, y aunque ha decidido fomentar medidas educativas, ha financiado con un millón de dólares la campaña para legalizar el cultivo y consumo individuales de marihuana en California y Arizona. Los promotores de la medida reconocen que la ayuda de Soros ha sido decisiva.

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