Renzi y la extraña coalición

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La derrota de Matteo Renzi en el referéndum celebrado en Italia el pasado domingo tiene muchos padres. Y sólo uno de ellos es el populismo.

Más que ver en el resultado del referéndum un rechazo de la clase dirigente, imitando las olas populistas que sacuden Europa, es necesaria una lectura menos obvia

Porque, para empezar, la coalición en favor del “no” –una coalición contra natura: es sabido que la política hace extraños compañeros de cama, pero en este caso habría que decir extrañísimos– estaba formada por: 1) el ala izquierda del PD, el propio partido de Renzi; 2) el mismísimo Berlusconi, en otros tiempos la “bestia negra” del PD, y en especial de esa ala; 3) Salvini y su Liga Norte, y 4) y el Movimento 5 Stelle, los grillinos, que en este caso sí que parece que se han decantado por su lado populista.

Reflexiones post factum: Renzi no tenía que haber dicho que, en caso de ganar el no, se iría del gobierno. Primero, porque los referéndum los carga el diablo, y desde que en 1968 De Gaulle dimitió por haber perdido su propuesta de reforma de las regiones, alguien tendría que haber aprendido algo. Dos, porque el PD es especialista en torpedear a los suyos (aquello de “cuerpo a tierra, que vienen los nuestros”, pero mucho peor: la izquierda italiana parece empeñada en hundir a sus líderes, cueste lo que cueste). Tres, porque para sacar adelante la reforma constitucional, no era necesario ningún referéndum: la Constitución italiana no lo exige (otra cosa es que, vista la importancia del tema, fuese oportuno hacer una consulta popular). Cuatro, porque los italianos son muy, pero muy conservadores (ya votaron no en otro referéndum para modificar la Constitución, promovido en junio del 2006 por el centro derecha).

El comentarista político del primer diario italiano, el Corriere della Sera, así lo ve: “Está también la marca populista. Pero en el voto ha influido una combinación de factores, que van desde la hostilidad contra Renzi, al deseo de defender la Constitución, al rechazo de las reformas aprobadas por medio de forzamientos parlamentarios, al descontento por los magros resultados económicos del gobierno. Y tal vez pesaba una excesiva injerencia en la televisión por parte del jefe del ejecutivo en las últimas semanas. Por esto, leer el resultado en la línea de la propaganda de los dos lados, progresismo-conservadurismo, democracia-autoritarismo, no sería escuchar el mensaje de la consulta. La señal va más allá de las posiciones de partido. Y más que transmitir un rechazo de la clase dirigente, imitando las olas populistas que sacuden Europa, es necesaria una lectura menos obvia”, afirma Massimo Franco.

Votar con la barriga

Qué duda cabe de que, como pidió Beppe Grillo, una buena parte de los italianos han votado “con la trippa”, con la barriga. Lo han hecho los jóvenes sin trabajo, los viejos comunistas a los que Renzi provoca un sarpullido, la derecha más recalcitrante. Pero también han dicho “no” los que prefieren que no se toque la Constitución. En cualquier caso, si como afirman muchos comentaristas, Renzi pretendía obtener a través de la consulta referendaria el aval político para sí mismo y para un gobierno no elegido por los ciudadanos –Renzi llegó a la presidencia del consejo de ministros a través de una “conjura de palacio”, descabalgando a Enrico Letta, que era también del PD–, el tiro le ha salido por la culata.

La coalición a favor del no reunió a muy extraños socios: el ala izquierda del mismo partido de Renzi, Berlusconi, la Liga Norte y el Movimento 5 Stelle

¿Y ahora qué? Es probable que Renzi dimita como secretario del PD: el descalabro ha sido demasiado fuerte. Bersani, Massimo D’Alema y la vieja guardia excomunista ya cantan victoria: “No busco un puesto de poder, pero el resultado pide al PD un profundo viraje político, después de que el proyecto neocentrista ha sido derrotado”, ha dicho D’Alema con una sonrisa de íntima satisfacción. También lo es que el jefe del Estado deberá nombrar un nuevo primer ministro, probablemente un técnico –se habla de Padoan, actual titular de la cartera de Economía–, para llevar la gestión del país en lo que queda de legislatura –más o menos un año–. O para convocar unas elecciones anticipadas, por ejemplo, en la próxima primavera.

“No creía que pudiesen odiarme tanto”, ha comentado Renzi, refiriéndose a la izquierda del PD. “Es un odio destilado, purísimo”, añadió. La alianza de Pier Luigi Bersani con el Movimento 5 Stelle de Beppe Grillo ha sorprendido tremendamente a Renzi. “Con tal de deshacerse de mí –afirmó el hasta ahora primer ministro– estaban dispuestos a entregar Italia a los grillinos. No tienen un líder, no tienen un programa alternativo, tenían sólo un enemigo común. Se han unido únicamente para derrotarme, la reforma constitucional no les importaba un bledo. Han condenado a Italia al inmovilismo, y ahora no se conseguirá hacer nada”.

De acuerdo. Aunque todo esto suena a Boabdil y (si es cierta la leyenda castellana) sus lágrimas al entregar Granada. Antes de la batalla hay que saber medir las propias fuerzas. Y, en su caso, llegar a una transacción con el enemigo. En eso los italianos son maestros. Quizá a Renzi le ha podido su raíz toscana, pues es sabido que a los toscanos, lo que más les gusta es una buena pelea. Y también aquello de “molti nemici, molto onore”, muchos enemigos, mucho honor. Pero esta vez los enemigos fueron más fuertes.

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