Llamamiento a favor de los cristianos de Irak

De los cristianos de Irak, que eran unos 700.000 hace cinco años, antes de la guerra, la mitad han tenido que abandonar sus lugares de residencia para huir de la violencia y la intimidación. Unos 187.000 se han refugiado en el extranjero. Al recordar estas estimaciones en un llamamiento público, cuatro personalidades francesas advierten que la ofensiva contra el cristianismo iraquí supone una amenaza también para el mismo islam del Oriente Medio (ver el texto en Le Monde, 25-03-2008).

Los firmantes son Mons. Marc Stenger, obispo de Troyes y presidente de Pax Christi en Francia; el periodista Laurent Larcher, miembro de la rama de la misma organización en Irak; Ghaleb Bencheikh, presidente de la sección francesa de la Conferencia Mundial de Religiones por la Paz, y Jean-Claude Petit, vicepresidente de la Federación Francesa de la Prensa Católica. En el llamamiento se refieren al viaje que hicieron a Irak en febrero, en la primera visita de una delegación, organizada por Pax Christi, de cristianos extranjeros desde la invasión norteamericana (marzo de 2003). Los testimonios oídos allí confirman que las comunidades cristianas de Irak están siendo castigadas con amenazas, muertes, secuestros por parte de grupos fundamentalistas musulmanes que pretenden expulsarlas del país.

Entre otras consecuencias del acoso, el llamamiento cita el cierre de la facultad de teología y de filosofía y del seminario de Bagdad, que han tenido que ser trasladados a Erbil, en el Kurdistán. El seminario de Mosul también hubo de ser clausurado. Los refugiados cristianos en zona kurda se estiman en más de 20.000 familias.

“Esta explosión de odio -dice el llamamiento- es una tragedia para el cristianismo oriental, presente en estas tierras desde el siglo I de nuestra era; depositario de una inaudita riqueza espiritual, litúrgica, intelectual; custodio de tradiciones multiseculares. (…) Es también una pérdida espantosa para el cristianismo occidental. Las mafias político-islamistas amenazan arrancar el pulmón izquierdo de la Iglesia universal. Sin el Oriente, se amputa al cristianismo su más profunda y duradera fuente evangélica y bíblica”.

Además, “la suerte de los cristianos orientales afecta también al mundo musulmán”, para el que la pérdida de esa minoría cristiana sería catastrófica, añaden los firmantes. “Si por desgracia tuviera éxito el proyecto de los fundamentalistas, ¿qué testimonio se daría de tolerancia, de fraternidad, de paz? En 1860, Abd El Kader se levantó en Damasco contra los extremistas que querían terminar con los cristianos. ¿Quién en el mundo musulmán se levantará para renovar este bello gesto?” Uno semejante es el del príncipe jordano Hassan Bin Talal, ex presidente de la Conferencia Mundial de Religiones por la Paz, con su mensaje “a los musulmanes del mundo entero” en que les invitaba a “manifestar amistad a los cristianos de Irak y apoyo al arzobispo secuestrado y luego asesinado en Mosul”.

Los firmantes concluyen advirtiendo que el acoso al cristianismo en Oriente Medio tiene repercusiones universales. “La desaparición de los cristianos en Irak, y luego tal vez en Líbano, Palestina, Siria o Egipto, significaría que el diálogo de las culturas ya no es posible”.

La preocupación por los cristianos iraquíes es compartida por el presidente francés, Nicolas Sarkozy. Mons. Stenger le escribió para informarle de la reciente visita a Irak con la delegación de Pax Christi, y el presidente le contestó con una carta de la que se publicó un extracto en La Croix (19-03-2008). Sarkozy dice que también él considera “fundamental la presencia de cristianos en Irak”. Por ello asegura que “Francia ayudará a los cristianos de Irak, ante todo, a permanecer en su lugar, así como ayudará a los que han huido de su país”.

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