La crisis de Siria e Irak sella el fin de Estados artificiales

La crisis de Siria e Irak pone de manifiesto que los Estados creados hace cien años en Oriente Medio por Francia e Inglaterra con el tratado Sykes-Picot de 1916 fueron un diseño artificial y han dejado de funcionar, escribe el analista George Friedman en un artículo publicado en www.stratfor.com. Su descomposición sigue a la del Líbano, el primero de esos Estados que se ha fragmentado en una serie de clanes aliados o en conflicto.

La consecuencia – afirma Friedman, autor de libros de política internacional y fundador de Stratfor, una empresa de análisis estratégico– es que es inútil tratar de estabilizar Siria e Irak. Hace falta una nueva dinámica más allá de Estados artificiales y, con la experiencia del Líbano, buscar nuevos modos de resolver el problema.

El acuerdo Sykes-Picot, dice Friedman, adaptó los modelos europeos a Oriente Medio y dio un marco para la gestión de la región que se ajustaba a los principios administrativos de Europa. El interés occidental más importante, el petróleo en Irak y la Península Arábiga, estaba protegido de las convulsiones en la periferia que agitaban a Turquía y Persia.

La importancia de los clanes

Lo que no hizo el acuerdo fue crear un marco que tuviera mucho sentido para los árabes que viven en esta región. El modelo europeo de derechos individuales expresado en los Estados-nación no encaja en su modelo cultural. Para los árabes, la familia –no el individuo– es la unidad fundamental de la sociedad. Las familias pertenecen a clanes y los clanes a tribus, no a naciones. Los europeos utilizan el concepto de Estado-nación para expresar las divisiones entre “nosotros” y “ellos”. Para los árabes, se trata de un marco inadecuado, que hasta hoy sigue compitiendo con identidades religiosas y tribales. Los Estados creados por los europeos fueron arbitrarios, sus habitantes no les dieron su lealtad primaria, y las tensiones dentro de los Estados siempre superaban las fronteras con los Estados vecinos.

Para Friedman, el ejemplo más claro es el del Líbano. En su opinión, la línea que divide el Líbano de Siria es una frontera arbitraria dibujada por los franceses. Mientras los cristianos para los que París creó el Líbano siguieron siendo el grupo dominante, el Estado funcionó, aunque los mismos cristianos estaban divididos en clanes rivales. Pero después de la Segunda Guerra Mundial, la demografía cambió y se incrementó la población chiita. Y tras la primera guerra árabe-israelí de 1948, se produjo una huida masiva de palestinos al Líbano, que se convirtió en un contenedor de clanes en conflicto. Aunque los clanes eran de diferentes religiones, estas no definían la situación. En muchas de estas agrupaciones religiosas, diversos clanes se enfrentaron entre sí y se aliaron con formaciones de otras religiones. Por fin, en 1976 Siria –o más precisamente, la dictadura alauí en Damasco– invadió el Líbano. Su intención era destruir a los palestinos, y su principal aliado era un clan cristiano. La invasión siria complicó una guerra civil en curso que duró hasta 1990.

Líbano, afirma Friedman, quedó dividido en varias zonas controladas por los diversos clanes. El clan chií dominante se construyó en torno a Nabi Berri, pero más tarde, Irán patrocinó otra facción, Hezbolá. Cada facción religiosa tenía varios clanes, y dentro de los clanes había varios competidores por el poder. Desde fuera parecía tratarse de una guerra estrictamente religiosa, pero se trataba de una visión incompleta. Fue una lucha entre clanes por motivos como dinero, seguridad, venganza y poder. La religión jugó un papel, pero con frecuencia las alianzas cruzaron las líneas religiosas.

El Estado se convirtió en algo mucho menos poderoso que los clanes. Beirut, la capital, se transformó en campo de batalla de los clanes. Luego los israelíes, contando con la bendición de Siria y para destruir la OLP, invadieron el Líbano . En ese momento, los Estados Unidos decidieron intervenir, en parte para frenar a los israelíes. Pero cuando en 1983, Hezbollah hizo saltar por los aires el cuartel de los marines de Beirut, matando a cientos de infantes de marina, el presidente estadounidense Ronald Reagan, dándose cuenta de la cantidad de energía que se necesitaría para siquiera tratar de estabilizar el Líbano, retiró todas las tropas.

Este es el esquema que ahora se repite en Siria e Irak, concluye George Friedman.

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