Líbano: La campaña electoral también se hace en la prensa

En el Líbano está en marcha la campaña política para las elecciones parlamentarias del próximo 7 de junio. En estas circunstancias cobra particular importancia el apoyo que los distintos medios de comunicación prestan a unas u otras posturas políticas.

Beirut. Algún historiador ha llegado a considerar el Líbano como la verdadera cuna del periodismo árabe. La prensa escrita cuenta casi 150 años de antigüedad en el país, que, por su situación geográfica y su tenaz empeño por vivir en libertad, ha servido de laboratorio de ideas para actores de la escena política y social de los países vecinos.

Durante el período otomano, y posteriormente, durante el mandato francés, los periodistas fueron perseguidos y muchos se refugiaron en Egipto, hasta que se logró la independencia en 1943. Los primeros gobiernos nacionales establecieron leyes restrictivas de la libertad de prensa, hasta que en 1952 las revueltas populares condujeron a una actitud más flexible de parte del gobierno. En 1962 se garantizó por ley la libertad de prensa. Un periodo de bonanza, y de desarrollo que se vio truncado por el sangriento caos de la guerra civil de 1975-1991.

Hoy en día se publican 13 diarios, casi todos en Beirut, con una circulación total de 220.000 ejemplares, en cuatro idiomas: árabe, francés, inglés y armenio. Ante la pluralidad de etnias y bagaje cultural, las opciones son variadas para una población de casi cuatro millones de habitantes.

Explica que los ciudadanos libaneses forzados al exilio se han modernizado al estar en contacto con otras culturas y que, en cambio, las instituciones que estructuran el régimen democrático se encuentran obsoletas. Para él, el problema es que no ha habido paz durante un tiempo suficiente como para crear una cultura de participación en un régimen democrático. Hace falta una sociedad civil que reúna las aspiraciones comunes, no solo que viva de crisis en crisis.

En su periódico no dudan en criticar cualquiera de las posiciones políticas. Durante el ataque israelí de 2006, la versión digital fue visitada por miles de personas. Durante la campaña presidencial americana, insistieron en la injusticia del apoyo incondicional a Israel, lo que en algún momento les ha valido ataques a través de la web por parte de internautas del vecino país. Y continúan trabajando para dar un mensaje equilibrado de la situación.

Mroue es chiita proveniente del sur del Líbano, casado con una sunnita, ha vivido toda su vida en zona cristiana. Estudió en la Universidad Americana de Beirut, y continuó estudios en Boston. Piensa que hay que edificar una sociedad civil en la se respete el imperio de la ley, en la que el ciudadano pueda pedir cuentas a los gobernantes. Con este fin ha comenzado por participar en la creación del “Centro civil para la iniciativa nacional”, que ha llevado a cabo campañas para que en el documento de identidad del ciudadano se quite la referencia a su religión. Un pequeño paso que ha permitido restañar algunas heridas, ya que durante el conflicto armado algunas milicias llevaban a cabo ejecuciones sumarias, según fuera la religión que figuraba en el documento de identidad.

La censura actúa

Ahora bien, en un país pluriconfesional, dice Mroue, cada editor sabe los límites que no hay que traspasar al tratar temas sensibles. La censura de la Seguridad General, organismo del Gobierno, tiene por misión el control de las publicaciones, nacionales y extranjeras, así como el del cine, según los principios de respeto al orden público, las reglas de la moral y las buenas costumbres. Se especifica el respeto de los sentimientos y sensibilidades de los ciudadanos, para evitar el enconamiento de las divisiones racistas y religiosas. También se excluye toda publicación, manifestación artística, etc., que promueva al Estado de Israel, en detrimento de los países árabes.

En un debate sobre la censura, el actual ministro del Interior comentaba que muchas veces los funcionarios actúan aplicando el criterio más estricto, lo que impide que evolucionen las manifestaciones artísticas. Por las intervenciones del público presente, se observaba que no todos estaban descontentos con esta actitud de la Seguridad General.

Mientras tanto, el país tiene acceso a la televisión internacional por cable y por satélite, y el avance del acceso a la banda ancha va en aumento de año en año, con la promesa de que esté completada en todo el país para 2010.

Prensa para todos los grupos

Se entiende que siendo la población libanesa en su gran mayoría árabe, haya una profusión de prensa en este idioma. Además, con casi el 60% de la población de confesión musulmana, lógicamente se da una gran importancia a la perspectiva de esta comunidad.

Entre los diarios más importantes en árabe, se encuentra Al Safir, fundado en 1974, con una circulación de 50.000 ejemplares. Publicación política, que representa los intereses musulmanes, en sus artículos de fondo promueve el nacionalismo árabe y la posición pro-siria.

An-Nahar está considerado como el más prestigioso, con 45.000 ejemplares. Fundado en 1933 como independiente, moderado y de centro derecha, inicialmente para servir de tribuna a los griegos ortodoxos, posteriormente se ha convertido en un punto de referencia serio para periodistas y profesionales de todas las comunidades. Le sigue en circulación Ad-Diyar, de orientación más populista, con estilo sensacionalista y muy leído por su sección de anuncios clasificados. El más veterano de todos es Lisan ul Hal, fundado en 1877, y que aún hoy en día difunde 33.000 ejemplares. Al Amal, fundado en 1939, vende 35.000 copias, y es considerado la voz de la Falange cristiana.

Otras publicaciones diarias son tres armenias, específicamente dirigidas a informar a este colectivo (Ararat, Aztag y Zartonk). Uno en francés, L’Orient le Jour, del mismo grupo de An-Nahar, es reconocido por su periodismo de fondo, reportajes y editoriales concienzudos; y un diario en inglés, The Daily Star, que es la referencia de las publicaciones internacionales anglosajonas.

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