Israel-Palestina: ceguera moral

A mediados de junio, tres jóvenes judíos, de 16 a 19 años, desaparecieron en Cisjordania. Sus cadáveres fueron hallados el 30 del mismo mes. Un día después, en aparente venganza, un chico palestino de 16 años fue secuestrado y asesinado. La semana siguiente, Israel comenzó bombardeos de castigo contra Hamás –al que atribuye la responsabilidad de los primeros asesinatos– en Gaza, que hasta ahora han causado en torno a un centenar de muertes. Hamás responde lanzando cohetes contra Israel, que de momento no han causado víctimas.

Hay pues, violencia y sufrimiento por ambas partes; pero la opinión pública y los medios de comunicación de cada una solo atienden a la violencia de la otra y al sufrimiento propio. El radicalismo y el odio son palpables.

Dice The Christian Science Monitor que la prensa israelí de lengua hebrea rara vez menciona las muertes de palestinos en Gaza. En Israel Hayom, el tabloide más leído del país, un comentario editorial pedía una “masiva concentración de fuerzas” contra Hamás bajo el titular “Id hasta el final” en la edición hebrea, o “Que Gaza vuelva a la Edad de Piedra”, en la inglesa.

Las prensa israelí publica abundantes fotos de judíos que se refugian de los cohetes lanzados por Hamás y unas pocas de Gaza, siempre tomas aéreas de columnas de humo, donde no se ven personas ni viviendas destruidas.

Los medios árabes no son más equilibrados. Insisten en los bombardeos contra Gaza sin mencionar los centenares de cohetes lanzados contra Israel. “Israel sigue matando niños y mujeres”, titulaba Al-Ayyam, un periódico de Ramallah. La agencia Maan llama “mártires” a los muertos palestinos, tanto de la milicia como de la población civil, y Al-Quds, un diario de Jerusalén, denomina “cohetes de la resistencia” a los que caen sobre Israel.

Hay excepciones. El periódico oficial de la Autoridad Palestina, Al-Hayat al-Jadida, menciona los daños que causan los cohetes de Hamás, y el diario izquierdista israelí Haaretz critica la operación militar contra Gaza.

También por parte israelí, aunque el público apoya mayoritariamente los bombardeos, el asesinato del joven árabe ha suscitado temor de que renazca el extremismo judío que en los pasados años ochenta cometió atentados terroristas contra palestinos. A propósito de las reacciones de indiferencia o aprobación que se han visto tras el crimen, Anshel Pfeffer dice: “Los israelíes en conjunto sufren de ceguera moral”, según publica el New York Times.

Tamir Lion, profesor de antropología, ve con preocupación que el odio ha crecido entre jóvenes israelíes de toda extracción o postura política. Según dice, en sus encuestas a jóvenes que se alistan en unidades de combate del ejército, antes de 2000 lo más común era oír que lo hacían por afrontar el reto o por el prestigio que eso daba. Desde entonces cada vez más dicen: “Para matar árabes”.

Para Deborah Weissman, presidenta del Consejo Internacional de Cristianos y Judíos, el asesinato muestra que “no somos inmunes al extremismo, que el terrorismo extremista religioso puede darse en muchas religiones, quizá en cualquiera”. Y añade: “Tenemos que mostrar una visión distinta de la historia judía, que no nos presente como puras víctimas (…) Hubo épocas en que los judíos eran víctimas indefensas, pero cuando tenemos poder hemos de ejercerlo con prudencia y rectitud”.

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