Aún hay palestinos e israelíes que creen en la paz

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Con el deseo de romper la cadena de odio y violencias crecientes, cincuenta personalidades palestinas e israelíes han publicado este verano un llamamiento para volver a las negociaciones de paz. Entre los israelíes figuran escritores como David Grossman, A.B. Yehoshua y Amos Oz, ex-ministros del gobierno de Ehoud Barak y universitarios; entre los palestinos, altos funcionarios y responsables políticos como Yasser Abed Rabbo, ministro de información de Yasser Arafat, y Hanane Achraoui, diputado en el parlamento palestino.

Mientras que nuestros pueblos atraviesan una situación particularmente difícil, nosotros, los israelíes y palestinos que aquí firmamos, hacemos un llamamiento para detener la efusión de sangre y el fin de la ocupación, pedimos el retorno a la mesa de negociaciones y a la paz. Rechazamos el deterioro continuo de la situación y su número creciente de víctimas; rechazamos los sufrimientos que engendra y el riesgo de que nos arrastre a todos a una hostilidad mutua creciente.

Suplicamos a las personas de buena voluntad que vuelvan a la razón, que redescubran la compasión, el humanismo y la comprensión. Les pedimos que no se abandonen a la fatalidad del miedo, del odio y de la venganza. A pesar de todo, seguimos creyendo en la humanidad del otro; pensamos que sigue siendo nuestro interlocutor para hacer la paz; estamos convencidos de que aún es posible una solución negociada al conflicto que nos opone. Cada uno de nosotros ha cometido errores, acusando y denigrando al otro. Pero estos procedimientos no hacen una política ni permiten discutir seriamente.

Aquellos que, en cada comunidad, piensan que el tiempo juega a su favor, se equivocan. El tiempo perdido no aprovecha más que a los que no creen en la paz. Cuanto más esperemos, más correrá la sangre de los inocentes, más duros serán los sufrimientos y más débil la esperanza. Hay que actuar inmediatamente para reanudar la colaboración, para poner fin a la deshumanización del otro, para reanimar la esperanza en una paz justa y beneficiosa para los dos pueblos.

El porvenir depende del respeto de la legalidad internacional, y de la puesta en práctica de las resoluciones 242 y 338 de las Naciones Unidas, que conduzcan a la existencia de dos Estados soberanos, Israel y Palestina, que, dentro de las fronteras de 1967, vivan uno al lado del otro, con Jerusalén como capital. Hay soluciones honorables y justas, conformes con los intereses de los Estados soberanos palestinos e israelíes, y con las aspiraciones de sus pueblos. Estas soluciones deben tener en cuenta los progresos realizados por ambas partes entre noviembre de 1999 y enero de 2001.

En lo inmediato, hacemos un llamamiento a que se pongan en práctica, en todos sus aspectos, las recomendaciones de la comisión Mitchell, especialmente el fin de las violencias, la congelación de las colonias, la aplicación de los acuerdos en suspenso y la vuelta a las negociaciones. Este proceso debe hacerse bajo el control de un tercero.

Es nuestro deber trabajar, juntos y en nuestras comunidades respectivas, para poner fin a la degradación de nuestras relaciones, reconstruir la confianza, la creencia y la esperanza en la paz.

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