La igualdad de oportunidades en la Comisión Europea

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Duración lectura: 2m. 18s.

Análisis

Bruselas. Desde hace unos años, especialmente desde 1992, la Comisión Europea ha querido predicar con el ejemplo en el tema de la igualdad de oportunidades hombre-mujer. Con este fin ha impulsado una serie de medidas, agrupadas en los llamados programas de acción positiva, cuyos resultados, aunque parciales, pueden calificarse de satisfactorios.

Dos programas de acción positiva han visto la luz (1988-1990, 1992-1996). Los objetivos han sido de dos tipos: cuantitativos (mayor representatividad de la mujer en los escalones profesionales superiores) y cualitativos (medidas que facilitan la conciliación de la vida profesional y familiar).

Los objetivos cuantitativos pueden considerarse prácticamente logrados. Al comienzo de 1996, las mujeres representaban el 45% del total de 14.501 funcionarios de la Comisión.

También ha mejorado su situación en cuanto al tipo de tareas realizadas. Veamos algunos ejemplos. Los funcionarios de la Comisión se reparten en “grados”. Grado A: universitarios que realizan funciones de concepción; grado B: titulares de carreras cortas en funciones de asistencia; grado C: secretaría y auxiliares en tareas de ejecución; y grado D, de servicios. En 1984 sólo el 9,3% de los funcionarios de grado A eran mujeres. Este porcentaje subió al 13,5% en 1994 y al 15,5% en 1996 (objetivo fijado en el programa).

Las diferencias más notables siguen existiendo en los puestos de mayor responsabilidad dentro del grado A, aunque también ha habido progresos: en 1984, 204 hombres ocupaban los puestos de dirección y sólo 2 mujeres; en 1994, 204 hombres y 5 mujeres; en 1996, 210 hombres y 11 mujeres.

Estos objetivos cuantitativos se van logrando a través de la práctica de una serie de medidas cualitativas que permiten a la mujer una mejor inserción en el mundo del trabajo, una mayor representatividad en los puestos de responsabilidad y más libertad para hacer compatible el trabajo y el hogar.

Algunas de estas medidas se refieren, en primer lugar, a la formación. Las mujeres han participado en un porcentaje mayor que los hombres (53%) en las diferentes acciones de formación organizadas por la Comisión para su propio personal: cursos de lenguas, de “desarrollo personal”, de promoción, de gestión, etc. En segundo lugar, las medidas se han dirigido a facilitar el trabajo a tiempo parcial (media jornada o tres cuartos, con horarios flexibles), sin perder los derechos a la promoción o la participación en la responsabilidad. El 12% del personal femenino de la Comisión se ha beneficiado de este tipo de horario.

Y, por último, se han puesto en funcionamiento los permisos de conveniencia personal, de 1 a 3 años, con derecho automático al retorno. El 18% del personal femenino ha disfrutado de estos permisos.

Resultados, pues, satisfactorios pero a todas luces parciales. Aún queda un largo camino por recorrer.

Ana Gonzalo Castellanos

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